sábado, 3 de septiembre de 2011

Sobre abanicos y otras casualidades

Cuando estudiaba 2º de BUP, mi punto débil eran las Matemáticas, iba todo bien hasta que llegamos a los vectores en el espacio. Aquello de que los puntos se encontraban o no se encontraban en un espacio infinito, acotado en el fondo negro de la pizarra fue superior a mi capacidad deductiva, de tal manera que me quedaron para septiembre.

Hablando de paralelismos y puntos equidistantes, caigo en la cuenta de que, a veces, las personas somos como esos puntos que surcan el espacio, que corren paralelos, o a veces, se cruzan, y la lógica matemática pasa a convertirse en una divertida sucesión de momentos semejantes. Para muestra, dos ejemplos:


Yoli tiene mi misma edad, de hecho, nos llevamos dos meses. Los padres de ambas fueron de los miles de españoles que emigraron a Suiza buscando una vida mejor y, a consecuencia de ello, las dos nacimos allí. Mi familia volvió para España, pero la suya siguió allí. No perdimos el contacto durante años y nuestras vidas corrieron, sin saberlo, paralelas, de tal manera que, el día de mi boda me llevé la inmensa alegría de que vinieron a Málaga para acompañarnos, pero los más gracioso es que ¡ella volvía de su luna de miel con su marido! Cuando nació mi primer hijo, le escribí para darles la noticia y ella tardó en contestarme porque poquito tiempo después venía al mundo Marvin, su primer hijo. Años más tarde vinieron de vacaciones, ya las dos teníamos dos hijos cada una y cuál fue mi sorpresa cuando descubrimos que nuestros hijos pequeños habían nacido el mismo día pero con un año de diferencia. Hace ya bastante tiempo que nos despistamos un poquito, yo cambié de domicilio y perdí su dirección, pero me gustaría saber de su vida de nuevo, porque es de esas amistades que, viéndose tan poco, son especiales.


El otro ejemplo son Paco y Toñi. Toñi es prima de mi marido y yo la considero mía propia. Ambos son de esa gente buena a la que es fácil querer. Paco y Toñi y mi marido y yo nos casamos con un mes, más o menos de diferencia; cuando, los meses previos a los enlaces, nos veíamos, comentábamos como llevábamos el arreglo del piso y demás parafernalia. Poquitos días antes de su boda, cuando fuimos a ver su casa, me dijo: “¿A qué no sabes que regalito voy a repartir en el banquete?”, “¿No serán abanicos?” le contesté yo. La cara de las dos fue un cuadro, habíamos tenido la misma idea, además muy propia para los meses de Julio y Agosto.

Dos años más tarde, ellos tuvieron su primer hijo y fuimos a conocer al recién nacido; además del presente para el bebé llevábamos también la noticia de que un primito venía en camino. Después de pasar la tarde en su casa, de apretujar al bebé, de dar la noticia de nuestro embarazo, cuando ya estábamos de pie para marcharnos caímos en la cuenta de que no les habíamos preguntado por el nombre del niño, al hacerlo nos dijeron: “¡Alejandro!” y no sé por qué… pero me acordé de los abanicos, ¡ese era el nombre de queríamos poner nosotros a nuestro bebe si nacía varón! Por supuesto cambiamos el nombre, pero eso además tiene su historia, que contaré en otro momento. Tres años más tarde, las dos fuimos mamás de nuevo de otros dos varones. ¿Casualidad o destino? La verdad, no lo sé pero la situación me divierte muchísimo.


En definitiva, se me ocurre una nueva teoría matemática por la que las personas somos puntos brillantes en el Universo, que se mueven a su libre albedrío, que nos cruzamos, chocamos o vamos paralelos y que construimos un mundo bastante divertido.

2 comentarios:

jackie dijo...

Hola amiga! Muy interesante tu nueva teoria matematica...Como siempre un verdadero placer leerte. Muchas Bendiciones!!

♥Alicia dijo...

Hola ♥Lupe me alegro que como puntos brillantes en el Universo Dios te puso en mi camino y me permitió conocer a una preciosa persona como tú.

Muchas coincidencias, pero todas muy lindas.Me encanto leerte.
Besos besos