viernes, 31 de diciembre de 2010

¡Feliz Año Nuevo!


Aquí me tenéis, en mi estado usual, es decir, haciendo el payaso. Aunque los años…y los chascos me van volviendo más formalita, no lo puedo evitar, metida en ambiente me sale la vena cómica. Luego me arrepiento, porque mi imagen queda para la posteridad en fotos y vídeos, pero… ¿y lo bien que me lo estaba pasando?

Por eso, le echo valor y os felicito de esta guisa, deseándoos que el 2011 deje atrás todo lo chungo que halláis tenido y que os traiga toda suerte de bienes, sin que falten las más importantes: SALUD, TRABAJO y AMOR, que todo lo demás viene por añadidura. Y por supuesto, que nunca os falte la alegría de vivir y de compartir todo lo bueno de vuestra vida con los demás. ¡Feliz Año Nuevo!

sábado, 25 de diciembre de 2010

La Luz de Belén


Desde 1990, un niño austriaco enciende una luz en la gruta donde nació Jesús, en Belén y la lleva a Austria, donde, desde Viena, con una hermosa ceremonia se reparte al resto del mundo. El pasado 17 de diciembre llegó a Málaga y se repartió entre todas las iglesias de la diócesis, de manera que todos aquellos que quieran tenerla, sólo tienen que acercarse a su parroquia, con velas o un farolillo para poder tenerla en casa. Es la Vela de la Paz de Belén.

En nuestra parroquia se repartió anoche, en la Misa del Gallo, y muchos íbamos preparados con nuestros farolillos para poder llevarnos un poquito de tan hermoso regalo de navidad.
Por eso hoy quiero aprovechar para poder pasaros a todos un poquito de esta Luz, para que os alumbre no sólo durante estas fiestas, sino durante todo el año, y que os caliente el corazón y os ilumine el camino.

¡Feliz Navidad desde el corazón!

lunes, 20 de diciembre de 2010

El niño bonito


Tal día como hoy, 20 de Diciembre, a esta misma hora, me encontraba yo muy “malita”. Después de nueve meses menos un día, y tras cuatro horas y media intensas horas de parto, a las una de la tarde, venía al mundo mi primer hijo. Así que hoy cumple quince añitos y yo todavía cierro los ojos y puedo ver su ceño fruncido, el mismo que aún suele poner cuando está triste.

Fue un bebé muy deseado, el primer nieto y sobrino de ambas familias, y aunque ciertos miembros se decantaban por la niña, desde primera hora tuve la absoluta certeza que su nombre no sería femenino, puede llamarse sexto sentido maternal, no sé, pero yo le hablaba a mi barriga en masculino.

El embarazo fue fenomenal, desde entonces, siempre digo que es el estado ideal; uno de mis más gratos recuerdos son las “charlas” que manteníamos, yo hablándole y él contestándome con sus patadas.

Así que aquel mediodía, tras siete días ingresada y con parto inducido, vio la luz una de las dos mejores cosas que yo he hecho en mi vida. ¿Qué puedo decir? Que era el bebé más hermoso que había visto nunca. Después de meses imaginándome su carita, era sencillamente…perfecto. En aquella larga semana de espera en la que por las noches subíamos a ver a las compañeras que ya habían dado a luz, siempre pensaba al ver a sus niños: “¿Será el mío como éste, tan bonito?” Y cuando lo tuve en mis brazos no podía dejar de mirarlo, era infinitamente más lindo de lo que yo pude imaginarme.
Era un bebé tranquilo y feliz, se entretenía solo durante horas y apenas lloraba. El bebé dio paso a un niño alegre y extrovertido, con una precocidad extrema en el aprendizaje del habla, con sólo un año mantenía unas conversaciones que dejaban boquiabierto al personal; también poseía un don más que especial para las artes escénicas, del que todavía hace gala. Ahora, el niño está dando paso a un joven sensible, reflexivo, cariñoso, amante de la lectura, con una facilidad extraordinaria para las matemáticas (en eso ha salido al padre) y para la informática. Su gran don, la serenidad, tiene un temple que ya quisiéramos la mayoría y una creatividad extrema.

Hoy mi niño bonito cumple quince años, y espero que ese joven que va tomando forma, de paso, con el tiempo, a un hombre de bien, responsable y trabajador. Esa es mi tarea, a la que me comprometí desde que nació, pero he de reconocer que no ha sido una tarea ardua, porque él me lo ha puesto muy fácil.

¡Felicidades, mi tupi-tupi!

domingo, 12 de diciembre de 2010

TE-COA-TLA-XOPE


Cuenta la tradición que en el 9 de Diciembre de 1531, iba el indio Juan Diego a escuchar misa al Convento de Tlaltelolco, y al llegar al pie de monte Tepeyac, oyó un canto de pájaros y una voz que lo llamaba, subió a lo alto donde se le apareció la Virgen María que le pidió que fuera al Obispo y le dijera que construyera un templo en su honor.

Juan Diego fue presto a dar el recado al Obispo Zumárraga, pero éste no le hizo mucho caso y le pidió que fuera otro día. Juan regresó al Tepeyac bastante decepcionado pero la Virgen le pidió que lo intentara al día siguiente.

Así lo hizo, y esta vez, el Obispo le pidió una señal, era el día 10. Juan Diego corrió a decírselo a la Señora pero Esta le pidió que regresara al día siguiente para entregarle la señal. Pero el indio no pudo hacerlo, porque su tío, Juan Bernardino, cayó muy enfermo. Así que el día 12, estando Juan Bernardino moribundo, Juan Diego se apresuró a traerle un sacerdote de Tlaltelolco, y al llegar al cerro decidió pasar por el lado este para no encontrarse con la Virgen, para poder atender primero a su tío. Cuál fue su sorpresa cuando la vio bajar y salirle al encuentro. El indio le pidió disculpas y la Señora le dijo que no se preocupara por su tío, que éste sanaría pero que él subiera a lo alto del cerro y recogiera unas hermosas flores que habían brotado y que se las llevara al Obispo como señal, para que éste viera y cumpliera lo que Ella había pedido. Juan cortó las flores y las colocó dentro de su kilma y corrió hacia la casa del Obispo.

Cuando llegó ante Fray Juan de Zumárraga, obispo de la ciudad, le contó los detalles de su cuarta aparición y desplegó su manto y, ante el asombro de los allí presentes, las flores cayeron al suelo, impregnando la estancia de un maravilloso aroma y todos vieron con enorme sorpresa la imagen de la Virgen estampada en la burda tela del manto.

Ese mismo día, la Virgen curó a Juan Bernardino, tío de Juan Diego y le contó lo que le había pedido a su sobrino; al hablarle en lengua azteca dijo “te-coa-tla-xope”, que quiere decir “aplastará a la serpiente de piedra”. En tiempo de Moisés y muchos años después un gran cometa recorría el espacio. Tenía la apariencia de una serpiente de fuego. Los indios de México le dieron el nombre de Quetzalcoatl, que significa “serpiente con plumas”. Tanto miedo les daba que le ofrecían sacrificios humanos y le hacían ídolos de piedra, en forma de serpiente emplumada, a los cuales adoraban.

Después de ver la sagrada imagen y leer lo que les dijo, los indios abandonaron sus falsos dioses y abrazaron la Fe Católica. Ocho millones de indígenas se convirtieron en sólo siete años después de la aparición de la imagen.

Los españoles al oír a Juan Bernardino les sonó como "de Guadalupe”, de ahí proviene la advocación a la Virgen.

Hoy es 12 de Diciembre, festividad de Ntra. Sra. De Guadalupe, para mí es un día muy especial, porque es el día de mi santo, y el de mi madre también. Y mi bisabuela se llamaba igual. Siempre he estado muy contenta y orgullosa de mi nombre, ya que por lo menos, aquí en España no es un nombre muy usual. Algunas personas se confunden y me dicen Lourdes, lo que me resulta rarísimo, porque no entiendo la confusión. He conocido personalmente sólo a siete mujeres más con mi nombre: mi madre, una vecina, dos compañeras del colegio (en 8º de EGB coincidimos las tres juntas en clase), una amiga religiosa, una chica que coincidió conmigo en una tienda y una monitora que tuve en mantenimiento físico. Para los extraños soy Guadalupe, para mis amigos, Lupe y para mi madre (y mis vecinas), Lupilla. De lo que más presumo de mi casa es de un lienzo enmarcado con la imagen de mi Virgencita que un amigo me trajo desde Méjico.
Hace años que la historia de Juan Diego me encandiló y hoy quiero felicitar a mi madre, en primer lugar y a todos los que compartimos este precioso nombre, mujeres y hombres (sí señor, que también los hombres pueden llamarse Guadalupe), a todos los Lupes de Méjico, país hermano que espero algún día la Virgen me permita visitar. Y no me olvido de mi “hermano mayor” Antonio, a quien la Señora siempre lo acompaña desde el día en que nació, y que fue quien me regaló este hermoso lienzo, para él unas mañanitas bien cantadas en el día de su cumpleaños.

Espero que paséis un lindo día y que no olvidéis que la Virgen siempre nos acompaña, ¡muchísimas felicidades!

domingo, 28 de noviembre de 2010

¡Marana tha!


Domingo, 28 de Noviembre de 2010. Para muchos, un domingo más de un fin de semana más. Sin embargo, para todos los cristianos del mundo es un día muy especial: es el primer domingo de Adviento.
Desde hoy hasta la madrugada del 25 de Diciembre, para todos nosotros se inicia un periodo de renovación, de conversión, de esperanza y de alegría.
Nos ponemos manos a la obra para renovar nuestro interior, sacando y tirando todo aquello que se ha convertido en un lastre para nuestro vivir. También remozamos todo lo hermoso que teníamos guardado y sin usar desde hacía tiempo.

Reconvertimos nuestra apatía y desgana, hartos de nadar contracorriente, con renovadas fuerzas, para poder alcanzar la meta, ésa que se nos muestra como un niño recién nacido, símbolo de la esperanza de nuestro mundo.
Tenemos la obligación de contagiar esta alegría a los demás, de compartir este inmenso tesoro que es la fe con los que nos rodean, especialmente con los más pequeños, aquellos que son capaces de aceptar este regalo sin prejuicio alguno, sólo con la inocencia y la ilusión de lo que son: niños.

Para ello, un símbolo en forma de abeto repleto de todos sus deseos, a los que sumamos los de este humilde grupo de catequistas cuya única esperanza es que la Luz de Cristo esté por siempre encendida en un rincón de sus corazones, para no apagarse jamás. ¡Marana tha!

jueves, 11 de noviembre de 2010

La caja de música


“Lo que no se llevan los ladrones, aparece por los rincones”. Así reza el dicho, y acabo de comprobar que es una verdad como un templo. Andaba yo como loca, a mediados de junio pasado, buscando esta vieja fotografía, a resueltas de las tribulaciones de mi hijo mayor, entre exámenes de fin de curso, trabajos de tecnología y, para más inri, un baile para la asignatura de Educación Física, o como se llamaba en mis tiempos, una tabla de gimnasia. Estaba el pobre un tanto agobiado entre libros, apuntes y ensayos del dichoso bailecito.

Entonces me acordé de esta linda fotografía de mi baile particular, y corrí veloz hacia el álbum de fotos y ¡oh!, la fotografía no estaba. Removí Roma con Santiago, busqué por todos los cajones y estanterías, entre las páginas de los libros, en mi vieja caja de lata repleta de recuerdos,... y nada, la fotito sin aparecer. Pregunté a antiguas compañeras de clase si conservaban alguna copia pero nada, mi gozo en un pozo.

Y heme hoy aquí, cinco meses más tarde, cuando ordenando armarios para el cambio de temporada y, ¡voilà!, aparece en el fondo del cajón una bolsita con varias fotos, entre ellas, ésta que guarda grandes recuerdos.

¡Qué barbaridad! Tiene la friolera de ¡veintinueve años!, y al observarla detenidamente puedo volver a sentir las emociones que sentí aquellos días. Lo que me resulta más curioso es la coincidencia en edad: los benditos catorce años, sólo que yo estaba en 1º de BUP y él en 3º de ESO. La diferencia: que nosotras para nada estábamos agobiadas, y eso que también teníamos exámenes finales y todo lo demás. Pero eran otros tiempos, tiempos de cambio, de incipientes aperturas a modas venidas de allende los mares.

La clase se organizó por grupos y cada uno preparaba su coreografía, siendo obligatorios los ejercicios de voltereta hacia delante y detrás y el pino; éste último fue motivo de cachondeo en el grupo ya que éramos ocho y sólo cuatro hacían el pino mientras las otras cuatro las sujetábamos por los tobillos; como mi compañera era más bajita que yo, en los ensayos, al sujetarla, la levantaba del suelo cual jamón ante las risas del resto. En cuanto al estilo, libre, y a nuestra disposición todo el arsenal del gimnasio: aros, pelotas medicinales, cintas,…

Cada grupo eligió su música; nosotras que fuimos muy cucas, escogimos “La caja de música” una pieza instrumental preciosa, a piano, interpretada por Mari Cruz Soriano, muy propia para la ocasión por su marcado ritmo.

La elección del resto de los grupos fue de lo más variopinta: desde la banda sonora de Star Wars (la original, con sonidos de disparos láser y todo) que Mariló y Brigie interpretaron con espadas de plástico y maquillaje de purpurina hasta lo último de aquellos maravillosos años 80: “Enough is enough” de Barbra Streisand y Donna Summer.

¡Aquello fue la bomba! Lo mejor de todo, los ensayos. Aún recuerdo aquella tarde en la que toda la clase bailábamos esta canción en la clase, la mayoría, en lo alto de las mesas, al más puro estilo Fama (la original y verdadera, la de los 80), con el radiocassette a toda pastilla, cual clones de Leroy y Coco. Y es que eran los tiempos de las cintas de cassettes, sí, sí, aquellas que se enrollaban con el boli bic, los walkmans eran auténticos ladrillos en comparación con los ipods actuales. ¿Y quién no recuerda a algún pinta con el “loro” encima del hombro?

La indumentaria: mallas negras (aunque hubo alguna blanca y roja), medias a juego (no recuerdo haber roto más pares en mi vida) y zapatillas blancas. Había una tienda en el Pasaje Heredia, especializada en mallas que aquel mes de mayo hizo su particular agosto. En cuanto al peinado, mi grupo escogió un trenzado de espiga con raya en medio que se llevaba mucho en aquellos años. Lo curioso es que mi amiga Anlli y yo nos hicimos el recogido la tarde antes del “estreno” y aquella noche casi no dormimos para no despeinarnos dando vueltas en la cama.

¡Vaya recuerdos! Yo, que soy optimista y dicharachera por naturaleza, no puedo evitar sentir nostalgia al ver ésta u otra foto. Y es que eran tiempos “ignorantes”, en el sentido de que nuestra única obligación y preocupación era estudiar. Ahora, que estoy llegando al ecuador entre los cuarenta y los cincuenta, me percato que las risas han dado paso a la madurez, y que seguramente, aunque éstas son menos cuantiosas son más apreciadas. Yo sólo me conformo con que por lo menos, haya una al día, como los plátanos.

martes, 5 de octubre de 2010

Las dimensiones del ser humano

Las dimensiones en las que puede crecer una persona son cuatro: la corporal, la intelectual, la moral y la espiritual. Todos los padres tenemos la misión de hacer crecer a nuestros hijos en todas estas dimensiones. En la corporal, procuramos darles a nuestros hijos la mejor alimentación, para que crezcan sanos y fuertes: además procuramos que desarrollen alguna actividad física para que puedan desarrollar sus potenciales. Desde la dimensión intelectual, desde luego, ¿qué padre no se preocupa por escolarizar a su hijo? Como no, intentando que tengan a su alcance los mejores materiales de estudio. Además nos place que lo básico se complemente con actividades para la que nuestros hijos tienen un don, como por ejemplo, la música o la pintura. En cuanto a la dimensión moral, todos procuramos inculcarles una serie de valores, de convivencia, de sociabilidad,… Pero llegado el momento de desarrollar la dimensión espiritual, esta pobre queda como el palito más corto del juego de los palitos.

¿En qué consiste la dimensión espiritual? Simplemente en consolidar que el principio y fin de las otras tres dimensiones es Dios. Así de simple. Esto es fácilmente entendible por un creyente, no hay muchas vueltas que darle, pero para la gran mayoría es una simpleza que no tiene la más mínima importancia.

La semana pasada comenzó la iniciación cristiana para niños en todas las parroquias de Málaga. En todas ellas, los padres, libremente, acudieron para solicitar este servicio. En la mía, como en todas las demás, ya llevábamos más de un mes trabajando y preparándonos para iniciar este nuevo ciclo. Doy fe del entusiasmo y cariño que ponen todos los catequistas, muchos de los cuales trabajan fuera de casa, además de cuidar de sus familias y sus hogares, pero aún así, dedican un “muchito” del tiempo que les falta para prestar este servicio, con el único pago de sentirse testigos de una fe. No estamos, como hemos llegado a oír, para “pasar un rato entretenidas”. Nuestras familias dan fe de lo que corremos y del tiempo que empleamos no sólo en la parroquia, sino también en casa, para preparar las sesiones de catequesis, incluso han participado en la preparación de más de una actividad. Ser catequista no es una obligación, es más bien, una necesidad y esto sólo es comprensible desde una postura de fe (véase I Cor, 9-16). Así que dadas nuestras circunstancias, nos prestamos al servicio adecuándonos al resto de nuestras obligaciones. Resultado: veintitantos catequistas no ponemos al servicio de unos trescientos niños, de martes a viernes. Al ver la cifra se puede pensar que tampoco es para tanto pero esto es un arma de doble filo. ¿Por qué? Porque los niños están también asistiendo al conservatorio, o al fútbol, o al balonmano, o a… un suma y sigue que no para.

Por eso, tras varias tardes cuadrando horarios y adjudicando grupos delante del ordenador, concluida la reunión con los padres hubo un aluvión de solicitudes para cambiar a los niños de día, porque ya lo tenían ocupado. Y no sólo con los niños que comenzaban su iniciación sino también con los que ya están en pleno proceso. Inaudito, no nos lo podíamos creer, el trabajo de varios días tirado a la basura. Además, la idea de cambiar el día de sus otras actividades, impensable, por eso decía yo al principio lo del palito más corto. Aún más, nos pedían un día concreto porque el resto de la semana lo tenían ocupado todos los días. Otra excusa: que no habían caído con los amiguitos del colegio. Craso error por parte de los padres; el espíritu de la Iglesia es de puertas abiertas, de fomentar la creación de nuevos vínculos y no de grupos cerrados. Para muestra, un botón: mi mejor grupo hasta la fecha, estaba formado por nueve niños de cinco colegios distintos y se hicieron una piña. Suelo verles por el barrio y en la parroquia, y el vínculo de cariño sigue ahí, no solo con ellos sino que también con sus padres.

Así que por parte de los catequistas únicamente nos queda rehacer el trabajo y por parte de todos, procurar lo mejor para los niños en las cuatro dimensiones y no olvidarnos de que los niños son sobre todo, eso: niños. Y los niños ¿qué hacen? Jugar.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Otoño dulce


Hoy comienza el otoño y el día ha amanecido gris y lluvioso, como adelanto de lo que nos depararán los meses venideros. Sin embargo, la temperatura es agradable, con su puntito bochornoso, con “blandura”, como dicen los del campo o como solemos decir por aquí, “el veranillo de los membrillos”. Es como si nos saludara diciendo: “¡Eh, qué ya estoy aquí, iros acostumbrand0!”

No es un día triste hoy, resulta incluso grato, como un bálsamo tras los calurosos días que hemos dejado ya atrás. Dicen que este otoño va a ser suave, veremos si aciertan. Y aunque los días de lluvia a veces son engorrosos, ya se sabe, siempre llueve a la hora de entrada y salida del colegio y el tema de las coladas llega a ser una completa locura, apetece ver llover tras el cristal mientras se saborea una taza de café bien calentita o arrebujarse entre la ropa de cama con el sonido de la lluvia como hilo musical.

Llega el tiempo de acomodarse en el sofá y disfrutar de una buena película en familia, o de compartir partida de un divertido juego de mesa, descubriendo quien lleva el gen fullero, o de asar castañas y comerlas calentitas. Tardes grises y húmedas que, necesariamente, no tienen que ser tristes. Así que no nos demoremos más, preparémonos para vivir un otoño dulce y lánguido, que también tiene su puntito.

Living la noche loca


¿Quién lo diría? Los años no pasen en balde. Ahora, con una cervecita en el aperitivo, una copa de vino en la comida y un espirituoso en la sobremesa ya vamos listos de papeles.

También es cierto que los padres de hijos adolescentes nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos programas de televisión tipo arenamixes o callejeros, donde nos muestran como se divierte hoy en día la juventud. Sinceramente, se nos encoge el corazón y pensamos: “Dios mío, que mi hijo no me salga así”. Y no caemos en la cuenta de que no todos los jóvenes son así ni recordamos que en nuestra época también había de todo.

Hace unos posts hablaba de los lugares que solíamos visitar para comer los jóvenes de los años 70, 80 y 90; también prometí que, algún día hablaría del tema bebida. Y como lo prometido es deuda, hoy me lanzo a rememorar mi época “canalla”, como diría Sabina, que, sin ser pervertida, tampoco fue tan mojigata.

Las primeras salidas, siempre en pandilla, coincidieron con la entrada al instituto, el paso al B.U.P., o sea, Bachillerato Unificado Polivalente, para los que no se acuerden. ¿Quién, de la época de los 80, no ha entrado a tomarse un refresco o una cerveza a La Garrafa, en calle Méndez Núñez? Hace años que no entro; cuando bajo al centro y paso por la puerta me pregunto si todavía es lugar de encuentro de gente joven, supongo que sí. Era, y es, un establecimiento tipo bodega, con los barriles de vino colocados unos encima de otros, con el nombre en la tapa. Me daba realmente pavor entrar, ya que nos solíamos sentar al fondo, porque siempre estaba a tope, y para llegar hasta él, tenías que hacer el paseíllo, es decir, atravesar todo el bar hasta el final mientras todo personal sentado te daba el repaso. Aquello era algo que mis complejos adolescentes no podían soportar; ahora me causa risa, pero en aquellos tiempos era más bien un suplicio.

Otro lugar más que concurrido era Bárcenas, un poco más adelante, en la Plaza de Uncibay. Su especialidad: la cerveza, o más bien, las medidas en las que te la servían. Ahí nunca entré, aunque conozco a más de uno que recuerda cada una de ellas, así como el arte de beber cerveza con pajita.

Un lugar insigne: El Pimpi, establecimiento con solera, visita obligada para todos los foráneos y parroquianos. Bodega con dos entradas, una por calle Granada, la otra por Alcazabilla. Singular su planta a dos niveles y peculiar la escalera que los comunicaba, con su baranda de maroma trenzada. Quien pase por Málaga no puede irse sin visitarla, si quiere capturar la esencia malagueña.

Los años iban pasando, y el abanico de posibilidades se iba abriendo, de la misma forma que se iba abriendo el permiso paterno para llegar más tarde a casa. La Plaza de Mitjana y aledaños estaban repletos de baretos de todos los tipos y colores, aunque no solíamos frecuentar mucho la zona por el intenso barullo que siempre había. Existía un local, creo recordar, en la esquina de C/Ángel, frente a la papelería Morales, que marcó tendencia, sirviendo sidra en vasos chatos, pero no consigo acordarme del nombre.

También estaban los bares de la Malagueta, todavía en activo, como el Malaca o El Navegante, visita obligada cuando íbamos de boda, entre la ceremonia y el banquete. Pedregalejo vivió su época dorada, recuerdo el Bolivia 41, donde servían unos zumos naturales de cuchillo y tenedor: los batían con nata y estaban tan densos que ponías cara de pez cuando sorbías la pajita, y eso que era de diámetro más ancho del normal, pero el zumo no conseguía subir por ella. O Lemon, donde la sangría entraba ligera, ligera y no te dabas cuenta del efecto hasta que te levantabas.

Caso tipo expediente x: Coco´s, hoy Limonar, 13, en la calle del mismo nombre. Ibamos de año en año, por vergüenza, ya que nunca pagábamos, pero no adrede. El sitio era y es una pijada: chalet inmenso en zona residencial habilitado como bar de copas. El ambiente, ahora más relajado pero por aquel entonces siempre estaba a tope, si conseguías sentarte pedías las copas, que abonabas al salir, pero llegado el momento, no había forma humana de hacerlo, porque los camareros no te atendían por más que los llamabas, por lo que solíamos salir de extranjis y sin mirar para atrás hasta el año siguiente, por si acaso se acordaban de nuestras caras.

Pero el sitio del que guardo el recuerdo más grato es, o mejor dicho, era El Café Teatro, en la Calle de los Afligidos. Ubicado en la que fue casa del escultor Pedro de Mena, era el último bar de la noche, donde siempre íbamos a tomarnos como decíamos, “la penúltima”; el ambiente era íntimo, solían exponer cuadros y tenía un patio realmente encantador, donde la conversación relajada, ya con el cansancio de la trasnochada, podía ir acompañada de un refresco, un café o su típica agua de Valencia, servida en jarritas, con su canela por encima.

Pero, como dije, al principio, los años no pasan en balde. Nuevas situaciones dieron paso a nuevas ubicaciones. Las salidas nocturnas fueron sustituidas por las diurnas. Si acaso, una al año, por aquello de que no hace daño. Es, como diría, el Rey León, el ciclo de la vida.
Fuente imágenes: Google

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cuaderno de bitácora


El viaje está a punto de comenzar, la fragata “San Juan de Dios” está calentado motores. Tenemos el mejor capitán del mundo, el que nunca dejará que el barco naufrague y que siempre llegue a buen puerto.
Toda la tripulación se encuentra dispuesta para zarpar e iniciar un emocionante periplo cuyo destino es, sencillamente, el Paraíso. En sus equipajes, con mucha ilusión, “prendas” a estrenar realmente bonitas.
Las bodegas del navío están repletas de ilusión, esperanza, ganas de trabajar, pero sobre todo, de muchísimo amor.
Esperamos con ansia al nuevo pasaje, para compartir con ellos este hermoso periplo, para crecer juntos a lo largo de la travesía. Así que sólo queda decir: ¡Todos a bordo, el barco va a zarpar!
(No están todos los que son, pero los que están, son; y al fondo, una hermosa imagen de la Parábola del Hijo Pródigo, Lc. 15)

domingo, 19 de septiembre de 2010

Más de lo mismo

Todavía sigo dándole vueltas al tema de la titulitis, como si se hubieran quedado en el tintero muchos pensamientos que quisiera expresar. En primer lugar quisiera disculparme si parezco presuntuosa al expresar mis ideas, nada más lejos de mi intención. A veces uno puede pecar de lo que critica. Como dice mi amiga Alicia, que nuestro encuentro con personas arrogantes nos sirva de espejo para no vernos reflejados a nosotros mismos, así que mantengamos el ojo avizor (sobre todo mirando nuestro interior).

El saber nos hace libres, nos hace asentar nuestros pies en el suelo, pero a veces, el exceso de saber nos vuelve engreídos, banales e indolentes, nos creemos superiores a los demás y poseedores de la verdad absoluta. Nada más lejos de la realidad. Como dice el dicho: “Nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

No sé si me estoy expresando bien; voy a poner un ejemplo: una incipiente mamá puede leer todas las revistas y libros del mundo sobre bebés, pero cuando llega el momento de la verdad, cuando tienes a tu hijo en tus brazos, la teoría muchas veces se va al traste y el instinto salva la situación.

Como este ejemplo, miles. Si no ponemos el corazón en nuestras experiencias de vida, por mucha teoría que sepamos, nuestra existencia pierde color y calor, se vuelve gris y fría.

Una vez me inventé una máxima, que dice así: “Leer poco o nada embrutece, leer de más idiotiza”, y de ejemplo, Don Quijote. Vivamos nuestra vida usando la templanza de nuestra mente, pero no olvidemos nunca el puntito de calor que le da nuestro corazón.

martes, 14 de septiembre de 2010

Los tres regalos más hermosos para un hijo

A veces caen en nuestras manos auténticas perlas de sabiduría. El pasado domingo llegó hasta mí ésta, de manos de la hoja dominical de la Diócesis de Málaga. Su autor, Juan Antonio Paredes, del que ya publiqué otro artículo. Hermoso y cierto el de este pasado domingo, que transcribo literalmente y al que me suscribo sin condiciones:
"Hace unas semanas, los políticos presentaban como uno de los mejores logros de la Consejería de Educación la posibilidad de que el niño entre en el centro educativo a las siete y media de la mañana y permanezca allí todo el día, hasta las ocho de la tarde. Es una posibilidad real que ofrecen ya más de 350 colegios andaluces. Con todos mis respetos hacia otras opiniones, pienso que es un grave error. En el mejor de los casos, una solución para resolver situaciones familiares y laborales nada deseables. Porque los niños no son paquetes que se aparcan mientras se realizan tareas más importantes. Son niños y necesitan convivir con sus padres el mayor tiempo posible.
Cuando acaba de comenzar el curso, os sugiero que hagáis a vuestros hijos tres preciosos regalos. El primero, tiempo para convivir con ellos, para reír juntos y jugar, para seguir de cerca su proceso de desarrollo. Porque necesitan el cariño y la ternura de sus padres para madurar sus sentimientos, y eso es algo que no se aprende en la escuela.
El segundo, tiempo para que puedan jugar y expresarse libremente. Considero una actitud equívocada cargarlos de actividades complementarias y someterlos a un ritmo tal de actividades programadas que terminar por estresarlos y deprimirlos. El juego es uno de los mejores campos de aprendizaje y de crecimiento interior.
Y el tercer regalo, un clima de diálogo y compresión entre los padres. Cuando éstos gritan y se insultan entre si, el hijo se desorienta y se rebela. Muchas de las conductas difíciles tienen su origen en la falta de armonía entre los padres. Lo que hagamos por los niños es la mejor riqueza que les podemos dejar."
Interesante, ¿verdad? Para reflexionar un rato.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Titulitis

“Dícese de la enfermedad cuyo síntoma principal es creerse superior a los demás simplemente por tener estudios, particularmente, universitarios.” ¿Qué es lo que hace grande a una persona? Sencillamente, la humildad. Cuanto más humilde de corazón es una persona, más grande es.

Hoy tuve una agradable coincidencia: en el transcurso de la mañana me encontré, a diferentes horas, con dos amigos de la adolescencia. Hacía mucho tiempo que no los veía, a uno más que al otro pero el encuentro de hoy ha sido uno de esos momentos en los que se recupera la fe en el ser humano, o al menos, así lo veo yo.

Uno de ellos es abogado, el otro enfermero, más a la sazón, matrón. Son personas cualificadas y seguramente con una situación económica más que asegurada. Sin embargo, tiene algo que ya poseían cuando éramos niños, y es precisamente eso, humildad.

Todavía recuerdo nuestras correrías en el patio de la iglesia, con las consabidas regañinas de Rorro. Los dos eran muy donjuanes, pero las niñas los toreábamos con guasa, porque eran muy buena gente. Y así siguen siendo. No hace falta que una los vea para que el saludo tenga lugar, son ellos los que si te ven primero, se acercan a saludarte. Y siempre con la alegría de quien ve a alguien a quien aprecia.

Y es que no todo el mundo es igual; hay quien, con menos, ya se cree el Príncipe de Persia. Generalmente, estas situaciones, que me podrían causar cierto malestar, me las suelo tomar con sorna, no lo puedo evitar, y gracias a Dios, porque si no estaría siempre mosqueada y no es plan. Por eso, cuando me encuentro con alguien que hace mucho tiempo que no veía y me dice: “Yo trabajo en…., y tú, ¿estás trabajando?”, le contesto con guasa: “Dentro de casa, veinticuatro horas?”

Y es que no lo puedo evitar, hay cosas que hay que tomárselas con pitorreo; es lo mismo que me pasó una vez en la puerta del colegio: llevaba puesto un mambito suelto que capturó las miradas curiosas de más de una madre, hasta que hubo alguien que no pudo resistir la curiosidad y me preguntó si estaba embarazada, a lo que yo le respondí que no, que lo que estaba era gorda. O la vez que me preguntaron si me había echado mechas en el pelo, a lo que contesté que se me estaba cayendo el tinte. ¿Qué le vamos a hacer? Otra cosa que todos deberíamos de tener, aparte de la humildad, es sentido del humor.

jueves, 9 de septiembre de 2010

El final del verano

Aunque oficialmente el verano toque a su fin el próximo día 20 ¿ó 21? (nunca tengo claro exactamente cuando es), técnicamente, en casa, terminó ayer. Hoy, día 9, es algo así como una jornada de reflexión. En breve, los bártulos de la playa volverán al trastero, los bañadores y toallas a los armarios, se retomarán los horarios de colegio y comidas y empezaremos otro nuevo año escolar.

Resulta curioso, lo mismo ocurre en Año Nuevo; existe cierto paralelismo entre ambas fechas: se planifican nuevos proyectos, se hacen propósitos de enmienda, se desea lo mejor para un nuevo comienzo,… La diferencia estriba en que en estas fechas lo hacemos con más tristeza y pereza (será porque se acaba lo bueno).

¿Cuáles son mis proyectos? ¿Y mis propósitos de enmienda? Por lo pronto, quitar de en medio todos los trastos veraniegos y ordenar la casa. Tras casi tres meses de todos en casa, a todas horas, entrando y saliendo, ésta necesita una arremangada general y empezar por una punta y terminar por la otra.

Otro campo de batalla, ayudar a mis hijos a retomar las tareas escolares; tras unas vacaciones ociosas bien merecidas deben volver a ponerse las pilas para el nuevo curso. Los libros y materiales están casi a punto, queda ultimar algún que otro detalle.

Otro proyecto más: las catequesis en la parroquia. Ardua labor, que nadie lo ponga en duda. Este año estrenamos nueva camada de catecúmenos, le pido al Señor por ellos,…y por nosotros, los catequistas (una no sabe lo que pueden llegar a sorprenderte las nuevas generaciones). Este año estrenamos nuevo material, con el que estamos muy ilusionados.

En cuánto a mis propósitos de enmienda, el principal, bajar esos kilillos que el verano trae consigo, ya se sabe: la cervecita, los helados y el ritmo más relajado hacen mella. Lo siento mucho, pero no pienso renunciar a mis caprichos bouganvilleros, pero eso sí, ahora, con la fresquita, retomaré mis largas caminatas matutinas, que son mano de santo.

Mientras tanto, soñando con el próximo verano, para el que tengo pensado un deseo muy especial, sólo me queda tararear por lo bajinis, aquella canción del Dúo Dinámico, cual escena de Verano Azul y suspirar diciendo: “¡Adiós, verano, adiós!”

(Imagen obtenida de Google)

lunes, 6 de septiembre de 2010

Eres mi suerte

Una de mis cantantes favoritas es Rosana; sus canciones tienen alma y como persona es maravillosa. Yo no conozco su condición religiosa, pero a la medida de sus letras, se intuye una persona muy cercana a Dios. Esta es una de mis canciones preferidas, de su album "A las buenas y a las malas" que dediqué en su día a mis niños de catequesis y hoy me gustaría dedicárselo a Alicia, porque como mis niños, es "de esa clase de gente".


Tú, tú, tú eres mi suerte.
mi cajero del querer, mi cuenta corriente.
Y digo tú, tú, tú eternamente,
mi alegría de vivir, mi pena de muerte.

Te miro y se que vienen olas de gente
con ganas de cambiar el mundo
aunque sea contracorriente.

Vuelve la gente que quiere vivir diferente,
que pone corazón.
Vuelve la gente que hace valer lo que siente.
Vuelve la gente que tira del mundo de frente
y con el corazón fuerte
y tú, tú, tú eres mi suerte.

Tú, tú, tú eres mi rumbo,
mi principio, mi final, mi ombligo del mundo.
Y digo tú, tú, tú todo mi reino,
mi escalera de color, mi caja de sueños.

Te miro y se que vienen olas de gente
con ganas de cambiar el mundo
de una vez y para siempre.

Vuelve la gente que quiere vivir diferente,
que pone corazón.
Vuelve la gente que hace valer lo que siente,
eie eie.

Vuelve la gente que tira del mundo de frente
y con el corazón fuerte.
tú, tú, tú eres mi suerte.

Te miro y se que vienen tiempos valientes.
Se ha unido el corazón del mundo
y el latido de la gente.

Y con ganas de cambiar el mundo
para todos para siempre.

Vuelve la gente que quiere vivir diferente,
que pone corazón.
Vuelve la gente que hace valer lo que siente,
eie eie.

Vuelve la gente que tira del mundo de frente
y con el corazón fuerte.
Y tú, tú, tú eres mi suerte.
Y cuando te miro
me late más fuerte
que vuelve la gente.
(La fotografía la hice el 11 de Julio del año pasado, en el concierto que ofreció Rosana en el castillo de Sohail, Fuengirola, todo un espectáculo)

domingo, 5 de septiembre de 2010

Teléfonos de emergencia

Mira que paso veces por el vestíbulo de mi parroquia; en él tenemos un tablón de anuncios en el que ponemos todo lo concerniente a la parroquia y la diócesis. Hay colocado un folio titulado “teléfonos de emergencia” pero nunca me he parado a leerlo, hasta hoy, que una compañera nos dijo: “Mira qué gracioso”, y la verdad que lo es, además de muy útil. Así que le hice una fotocopia para uso propio y literalmente lo transcribo en este post para quien quiera hacer uso de él. Dice así:

TELEFONOS DE EMERGENCIA

Son más efectivos que el 911


Cuando te sientes…Llama:


Triste: Juan 14
Pecador o has pecado: Salmo 51
En peligro inminente: Salmo 91
Que la gente te ha fallado: Salmo 27
Que Dios está lejos de ti : Salmo 139
Necesidad de estimular tu fe: Hebreos 11
Solo y temeroso: Salmo 23
Preocupado: Mateo 8, 19-34
Herido y criticado: 1 Corintios 13
Con dudas de la cristiandad: 2 Corintios 5, 15-18
Fuera de lugar Romanos: 8, 31-39
Necesitado de paz Mateo: 11, 25-30
A Dios más pequeño que el mundo: Salmo 90
La necesidad de Cristo como tu seguro: Romanos 8, 1-30
Si sales de viaje: Salmo 121
La falta de valor para realizar una tarea: Josué 1
Abrumado por tus inversiones bancarias y
en la Bolsa de Valores Marcos: 10, 17-31
Deprimido: Salmo 27
Tus cuentas bancarias en cero: Salmo 37
Perdida tu fe en la humanidad: 2 Corintios 13
Que las personas no son amigables: Juan 15, 12-27
Perdida tu esperanza: Salmo 126
Que no hay justicia: Salmo 19
Sin frutos en tu vida: Juan 15
Necesitado del secreto de la felicidad: Colosenses 3, 12-17
Con una gran oportunidad o has descubierto algo: Isaías 55
Sin saber como actuar: Romanos 12
Que tu salario es bajo:
Mateo 20:1-16


OTROS NÚMEROS

Para enfrentar el miedo: Salmo 3
Para seguridad: Salmo 121, 3
Para certidumbre: Marcos 8, 5-36
Para reafirmarte: Salmo 145, 8

Todos estos números son directos
No se requiere asistencia de la Operadora
Todas las líneas están disponibles las 24 horas del día

Cuando crees que todo ha fallado, solamente dile al Padre:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea Tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

¡ALIMENTA TU FE Y LA DUDA MORIRA DE HAMBRE!

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Delicatessen

Hoy día, los jóvenes tienen un amplio abanico de lugares donde acudir para comer algo: hamburgueserías, pizzerías, bocaterías, donner kebabs de dudosa higiene (¡Dios me libre de comer algo de ellos, eso del rulo de carne puesto en la calle como que no!).

Un abanico tan amplio como su nivel adquisitivo. Y es que los tiempos han cambiado un montón; a veces, me da la sensación de que el progreso es como un tren que pasa sin frenar ni parar por la estación donde me encuentro sentada.

Hace unos treinta años, si querías comer algo tenías la Hamburguesería El Guanche frente al Málaga Palacio o en la Plaza de la Merced, los Pannini en calle la Victoria…y los bocadillos de pinchitos del bar la Marina, a la entrada del Parque, una auténtica delicatessen.

El bar, que hoy ya no existe, se erigía a la entrada del Parque, frente a la Plaza de la Marina, y era visita obligada de los guiris. Mientras tomaban algo en su terraza, eran asediados por las gitanas, que con la excusa de leerles la palma de la mano o de regalarles una ramita de romero, les robaban la cartera o el bolso.

En mi memoria, lo recuerdo como un establecimiento muy singular, con motivos marineros; mira que he buscado fotografías pero no doy con ninguna. Que yo recuerde, sólo estuve una vez, cuando mi vecino Paulino nos llevo a sus niños y a nosotros al centro y nos invitó a una Fanta.

Pero lo más singular, para los jóvenes de los 70 y 80 era su parte trasera, donde los fines de semana, especialmente por la tarde-noche, se abría un puesto de bocadillos de pinchitos y refrescos, regentado por un señor marroquí que hacía unos pinchitos morunos de escándalo, a la antigua usanza. El hombre tenía su arte: le daba un corte longitudinal al bollo de pan, como si fuera un libro y después, colocaba dos pinchos en su interior, apretaba el pan y tiraba de los hierros, liberando los trozos de carne dentro del bollo. Existe una leyenda urbana que cuenta que la carne era de caballo, yo no sé si es verdad, pero los bocadillos que más de uno nos metimos entre pecho y espalda ahí quedaron. Con el bocadillo en una mano y la lata de refresco en la otra, las pandillas y las parejas de novios nos sentábamos en los bancos del parque para disfrutar de tan rica vianda.

Los recuerdos vienen encadenados y a colación del burrito Platero, me vino este recuerdo. A finales de los ¿80?, el bar fue demolido, y con él, se esfumaron los pinchitos. Nosotros seguimos haciéndonos mayores y descubriendo otros lugares para comer…y beber. Pero de este tema ya contaré otro día.

martes, 31 de agosto de 2010

El burro del Parque




“Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.”

Este lindo asno vio por primera vez la luz en 1914, de la mano del escritor Juan Ramón Jiménez. ¿Quién no ha oído hablar de él o no ha leído esa bonita elegía?

En Málaga también tenemos un Platero muy especial, nacido de la mano del escultor Jaime Fernández Pimentel, en el año 1968, así que ya podríamos decir que el burrito no es tan burrito, y que curiosamente yo pensaba que era mayor que yo, pero no, le gano por una chispa.

Nuestro malagueño pollino también es pequeño, cada día más (¡lo que cambia la perspectiva de nuestros ojos con el paso de los años!), no es peludo pero si suave, además con lustre, el que le han dado todos los niños que se han montado en él; no es blando, porque es de bronce y su crin y su lomo relucen por el roce de las manos y culetes infantiles. Como dice bkbono.com en su blog: “Los niños que no se suben al burro de pequeños, salen raros. Algunos que se suben también. Afortunadamente”

¿Qué niño no tiene una foto en lo alto del burro del Parque? Malagueños, creo que todos, y foráneos, un montón. Es algo así como nuestra seña de identidad: si no tienes una foto en lo alto del burro, no eres malagueño del todo.

Así que el que no la tenga todavía, que no se lo piense ni un segundo, que coja cámara en mano y salga corriendo. No es difícil encontrarle, se encuentra en el Paseo del Parque, concretamente en la zona infantil. Tras varias remodelaciones, su ubicación no es la primitiva, pero eso sí, viendo los columpios se da con él, puede servir de pista la probable cola de niños esperando su turno para subirse a su lustroso lomito.

Yo, por si acaso, hice como mi madre y me curé en salud: mis hijos tienen foto, si salen raros, no podrán echarme la culpa.

miércoles, 25 de agosto de 2010

La vara más derecha

Erase una vez un padre y un hijo. Tenían un terreno de olivos, y llegado el tiempo de varear las aceitunas, el padre le dijo al hijo: “Ve al monte a buscar una rama larga y bien derecha para varear, pero elígela bien; sólo te pongo una condición: tienes que escogerla en el camino de ida, no en el de vuelta.”

El hijo emprendió el camino y llegó al monte. Y empezó a subirlo, fijándose en las ramas de los árboles que encontraba a su paso, pero ninguna le parecía lo suficientemente derecha. Y subió y subió, y no daba con la rama que buscaba, y sin darse cuenta, llegó a la cima. “¿Y ahora que hago?” – pensó – “Mi padre me dijo que escogiera la rama en la ida y ninguna me ha parecido lo bastante buena.” Y mirando alrededor, vio en un árbol una rama bien larga, pero bastante torcida y, sacando su hacha la taló y emprendió la vuelta a casa.

A veces, en la vida, nos pasa como al joven del cuento, que nuestras expectativas son tan altas que nada nos parece lo suficientemente bueno y acabamos eligiendo la peor opción. Y nos ocurre en todos los campos: en el material, en el laboral, y particularmente, en el personal. Cuando elegimos a nuestros amigos o a nuestra pareja, debemos tener en cuenta sus virtudes, pero también sus defectos. Pero sobre todo, debemos tener en cuenta nuestras propias virtudes, y aún más, nuestros propios defectos.

miércoles, 18 de agosto de 2010

El alma de las casas

¿Cuál es el valor de las cosas? ¿El puramente económico? ¿O va más allá? ¿Todo se debe medir por su importe monetario o por el esfuerzo que nos ha costado conseguirlo?

Hace unos días, fue éste el tema de conversación entre amigos, y definiéndose cada uno en una postura, yo aposté por lo último. Todo vino a colación porque en breve hará ya siete años que cambiamos de domicilio. Y lo hicimos de forma voluntaria, consciente e incluso buscada: nuevas necesidades requerían nuevas ubicaciones. Y el cambio, sin duda, fue a mejor ya que nuestra casa no es sólo nuestra casa, es nuestro hogar, lo que le da una dimensión mucho más profunda.

Sin embargo, nuestra primera casa siempre será un lugar muy especial para nosotros. En ella se fundó nuestro hogar. Al igual que muchas parejas, tras varios años de noviazgo y planes de boda, la búsqueda de nuestra primera casa se convirtió en una prioridad máxima, en el blanco de la diana de nuestra vida de pareja.

Tras varios intentos fallidos, de repente y casi sin darnos tiempo a pensar, en sólo dos días nos vimos dando la entrada para nuestro piso. ¡Y a estrenar! No nos lo podíamos creer.

A partir de ese momento, todo se volvió proyectos: planificar la cocina, elegir los electrodomésticos, pintura de paredes, amueblar las habitaciones, elegir las cortinas y los complementos… Poco a poco iba adquiriendo forma material algo mucho más profundo: nuestro proyecto de vida en común.

Y los primeros diez años de este proyecto transcurrieron en esa casa; en ella iniciamos nuestra vida de casados; en ella aprendimos a llevar una casa para adelante; en ella entraron nuestros hijos recién nacidos; en ella se celebraron Nochebuenas, Días de Navidad, Nocheviejas, Años Nuevos, Reyes Magos, cumpleaños y muchas reuniones de amigos…

Dicen que las cosas materiales no tienen alma pero yo creo que las casas sí que la tienen, tienen el alma de las personas que las habitan. Mi marido solía reírse, cuando al llegar, tras una noche de marcha con los amigos o de un viaje, al abrir la puerta, yo, aspirando fuerte, decía: “¡Qué bien, ya estamos en casa!”. Tal vez sea una tontería, pero yo lo sentía así, como un bebé que reconoce el olor de su madre, ese olor que le da la certeza de encontrarse en el lugar más seguro del mundo y donde mejor puede estar.

Pero la casa se nos quedaba pequeña y tuvimos que buscar otra más grande. Y dimos con ella, y aquí estamos. Es nuestro castillo, nuestra fortaleza, en ella seguimos celebrando de todo, aunque ya hay ausencias que los años y la vida fueron labrando. Como dije al principio, aunque el cambio fue consentido, también fue muy duro, derramé muchas lágrimas en aquellos días: tal vez, por todos los recuerdos vividos entre aquellas paredes; tal vez, por la incógnita de la nueva vida; tal vez por los nervios que acarreó la mudanza, ¡¿cómo pueden salir tantas cosas de los armarios?!

Aunque hubo algo que hizo la transición más fácil: aunque más grande, mi casa actual tiene casi la misma distribución que la primera y los muebles están dispuestos de la misma forma. Así se me hizo más llevadero. El paso definitivo llegó de la mano de dos acontecimientos: el primero, una noche, cuando al volver a casa y abrir la puerta, aspirando fuertemente le dije a mi marido: “Ahora ya sí huele a nuestra casa”; y el segundo, cuando volví a mi otra casa para visitar a la pareja que nos la compró, con motivo del nacimiento de su primer hijo: al entrar en ella no reconocí mi hogar, hasta el olor era diferente y curiosamente… me sentí aliviada.

¡Ah! Esa es otra, la casa nos la compró una pareja muy jovencita y muy ilusionada. Todavía recuerdo cuando les entregué las llaves y les dije: “Espero que seáis muy felices, porque esta casa tiene muy buenas vibraciones” ¡Y vaya si las tenía! Dos meses más tarde, ya estaba ella embarazada de su niño, y dos años más tarde, tenían la parejita. De manera que un día que nos encontramos nos dijeron entre risas: “¡Ya podíais haber dejado menos vibraciones!”.

De nuestro primer hogar guardo muchas fotografías y un vídeo de tal y como era la casa cuando la dejamos, para el recuerdo. En nuestra casa actual no sé cuantos años viviremos, espero que muchos, aunque ronda por ahí el deseo de disfrutar la jubilación más cerquita de la playa, en algo más pequeñito y de acuerdo a nuestras aptitudes físicas para entonces. Mientras tanto, iremos dejando nuestra alma aquí y después, ¡Dios dirá!

sábado, 14 de agosto de 2010

17 rosas amarillas


La primera, por aquel 28 de Noviembre
La segunda, por S.
La tercera, por aquellas clases de Física y Química
La cuarta, por mi permiso de conducir
La quinta, por aquella dedicatoria en mis apuntes de la que seguramente ni te acuerdas
La sexta, por P.
La séptima, por ser mi Pepito Grillo
La octava, por la fotografía que ilustra este post
La novena, por todas tus virtudes
La décima, por nuestro hogar
La undécima, por tupi-tupi
La duodécima, por ser mi soporte informático
La decimotercera, por Doñana en familia
La decimocuarta, por ser mi “personal shopper”
La decimoquinta, por Tenerife para cuatro
La decimosexta, por estar en las buenas,…pero sobre todo, en las malas
La decimoséptima, porque hoy es 14 de Agosto

Por ser mi compañero de viaje, por tantos sueños cumplidos, por tantos sueños por cumplir,… porque siempre estás a mi lado.

Siempre eres tú quién me regala flores, hoy me toca regalártelas a ti. ¡Feliz Aniversario!


viernes, 13 de agosto de 2010

¡Feria!

Ya estamos en feria, la del verano, la feria de agosto, la feria de Málaga. Muchas ferias han pasado desde esta tierna fotografía. Desde entonces, creo que no me he vuelto a vestir de gitana; o tal vez sí, recuerdo un traje rojo, con lunares blancos a la edad de ocho añitos, al que le hice un siete montándome en un carrito de cojinetes de aquellos que hacíamos los niños para deslizarnos cuesta abajo por las calles a la hora de la siesta (hay que ver lo femenina que era, pero ¡y lo bien qué me lo pasaba!)

Aquí tenía dos y el globo hacía más bulto que yo. Mi madre dice que, ya de vuelta a casa, habían desaparecido la flor y el collar. Pero, ¡y lo graciosa que iba! Qué lastima que esa gracia se haya perdido con los años. Y no miento, no tengo ni idea de cómo se baila una malagueña o una sevillana; para bailarlas sería necesario parecerme a la Venus de Milo, porque no sé donde meter los brazos.

Pero a pesar de todo, la feria de Málaga es algo único. De mi infancia guardo recuerdos de los carricoches, del algodón de azúcar, de las bolsitas de chufas, los altramuces y el coco.

De mi juventud, la parte más gamberra. Ya se estrenó la feria de día en el centro, y por la noche, al Real. La inauguración, como no, a lo grande, con fuegos artificiales: todo un espectáculo de luz y…sonido. Y lo de los puntos suspensivos es porque la música sólo se escuchaba por televisión, si los veías en directo, sólo sentías el estruendo, y como te pusieras cerquita, tenías que esquivar las varillas que caían de los cohetes, como aquel año que los vimos en la Malagueta.

Bajar a la feria del centro por lo menos una vez era obligatorio. ¡Cuántas botellitas de Cartojal y platos de jamón y queso han caído! La juerga duraba hasta bien entrada la tarde, y el ambiente no decaía. Había quien pasaba directamente del centro al Real.

Por la noche, como no, al Real. Por el callejón del infierno pasábamos para verlo, no éramos mucho de atracciones, preferíamos gastarnos el presupuesto en las casetas, dónde bailábamos al son de estupendas orquestas que ponían lo mejor de su arte para la fiesta. Alguna actuación especial en la Caseta Municipal, como por ejemplo, el año que actuó Marta Sánchez y luego, de vuelta a casa. O por lo menos, eso intentábamos, ya que no sé que nos ocurría pero al salir siempre pasábamos por delante de la caseta del bingo, y siempre había un menda que nos regalaba cartones, para engancharnos a jugar, nunca nos tocó nada salvo un año que cayó un secador de pelo cutre salchichero, pero el personaje en cuestión no paraba de regalar cartones (juro que nunca compramos un solo cartón). Así que, haciendo mutis por el foro, nos escurríamos para encontrar nuestro coche.

Eso con suerte, porque a la hora de llegada, lo aparcábamos en un llano inmenso semivacío, que inexplicablemente, después aparecía lleno. En los primeros tiempos no se señalizaban los aparcamientos y siempre decíamos al aparcar: “desde aquí se ve el luminoso del Pryca”, pero lo que ocurría horas más tarde era que tu coche había cambiado de color, del polvorín que se levantaba y el susodicho cartel era visible desde cualquier punto de la feria, así que te tirabas media noche buscándolo.

Con la llegada de los niños cambió la cosa; si querías bajar al centro tenías que dejarlos con los abuelos; si los dejabas te daba pena, porque querías pasearlos vestidos de gitano. Total, que terminamos bajando por la tarde, ya con menos bullicio y con el calor más apaciguado, y acabábamos cenando todos juntos, niños y padres, eso sí, hartos de tacones de gitana, sombreros cordobeses y fajines.

La primera incursión de mi hijo mayor al Real de la Feria fue un desastre. Yo no sé lo que se le infundió al niño, que sólo contaba con un añito y medio, al escuchar el escándalo de las atracciones que tuvimos que dejar plantados a la otra pareja que venía con nosotros y nos tuvimos que marchar, para poder calmar al aterrorizado mocoso. ¡Quién lo diría ahora, que fue capaz de montarse en el Huracán Cóndor el año pasado! ¡Nada menos que cien metros de caída libre!

Ahora ya no bajamos al centro, nos da pereza, serán los años; pero sí vamos al Real por la noche, aunque sea una vez. Como los niños ya son grandes y han estado en varios parques temáticos de nuestra geografía, como que pasan de las atracciones, prefieren estar juntos, que es lo que les divierte, y nosotros, los papis, encantados, porque así el gasto se reduce considerablemente. (Je, je, hablando de poco gasto, un año a mis hijos se les antojaron unos peluches de Spyro, el dragoncito del juego de Playstation, de las máquinas esas del gancho, que tiene menos fuerza que un muelle de guita; pues bien, no sabemos que pasó pero con seis euros creo, ¡sacamos seis Spyros para los seis niños que llevábamos! No sabría decir quién se reía más, si los niños, cada uno con su peluche, o nosotros viendo la cara de desesperación del chino; en cuanto nos fuimos le pegó un meneo a los peluches de la urna que los dejó despanzurrados en el fondo.)

Total, esta noche comienza la Feria de Agosto, nuestra Feria. Deseo que todos los que la vivamos la disfrutemos con paz y concordia, con alegría y sin abusos. Que aquellos que montan sus pequeños negocios para estos días que obtengan un beneficio digno, en estos tiempos difíciles que estamos viviendo. Y que todos los malagueños demos ejemplo de acogida a todos los que nos visitan desde otros lugares, para que se sientan como en casa y vuelvan de nuevo. ¡Feliz Feria 2010!

El cartel de este año es obra del artista malagueño José Luis Bola Barrionuevo, es realmente bonito, y refleja la esencia malagueña.

viernes, 6 de agosto de 2010

¿Te falta fe?

Un amigo mío, sacerdote, estuvo durante más de quince años en México, en el estado de Sonora. De allí se trajo un gracioso deje al hablar, mezcla de su andaluz ruteño y del lindo acento mexicano, y muchas historias para contar en nuestras entrañables veladas.

Nos contó que una vez, ocurrieron unas grandes inundaciones y que mucha gente pobre, muy pobre, tuvo que ser rescatada por los servicios de urgencias. Entre estas personas, había una mujer muy anciana, ciega, que fue rescatada de su chabola hecha de cartones, una vivienda pobre, muy pobre, que la tormenta se llevó. Para colmo, la única familia que tenía era un hijo, que le salió borracho. La buena mujer fue rescatada y llevada al hospital. Consiguió sobrevivir poco tiempo, pero durante éste, mi amigo le preguntó: “Doñita, ¿y no tuvo usted miedo?” A lo que ella respondió: “De ninguna manera, ¡si mi Diosito estuvo siempre conmigo!”

(Dedicado a Alicia, que me hizo recordar esta historia con una de sus hermosas perlas.)

El Guardián del Castillo

Creo que estoy algo malita, padezco una “enfermedad” que se denomina Síndrome del Guardián del Castillo. No es una enfermedad grave, el único factor indispensable para contraerla es ser mamá. Eso sí, dura toda la vida, y sólo el tiempo mitiga los síntomas.

Estos son los siguientes: ser siempre la última en acostarse (a no ser que se esté pachucha o se haya tenido un duro día de trabajo), no sin antes haber hecho una revisión general a llaves del gas, cerraduras, ventanas y luces, visita obligada a todo dormitorio con inquilino, con acomodo de sábanas y mantas…y besito incluido. El lote también incluye esa última media horilla, a modo de stand by recapitular, en la que puedes disponer de todo el sofá, y tú y el mando a distancia os convertís en una réplica exacta de Gollum y su famoso Anillo.

Estos días mis hijos se encuentran de campamento, y creo que estoy sufriendo una “crisis”, la prueba: sólo llevan dos noches fuera y, cuando voy a acostarme, por inercia, mi cuerpo se dirige hacia sus dormitorios. ¡Y pensar que todavía me quedan seis noches más! Por no hablar de lo silenciosa que está la casa sin sus peleas: “¡Me ha dicho…!”, “¡me ha hecho…!”. Como se dice aquí en mi tierra, estoy como las tontas.

Y no es que nunca no hayamos separado por las noches, salvo mi segundo parto, alguna intervención quirúrgica, alguna noche en casa de un amigo y, hace años, una boda en Córdoba, a al que sólo fuimos mi marido y yo. Pero esta vez, la ausencia es más prolongada y distante.

Total, que estamos casi como al principio. Otra etapa vital superada. Al principio, éramos dos, después tres y, por último, cuatro. Quedaron atrás embarazos, partos, pañales, guarderías,… ya hemos llegado a la primera Secundaria, y con éxito, gracias a Dios.

Poco a poco, los pajarillos van dejando el nido, y con el tiempo, Dios dirá. Queda mucho (¡espero!) para que cada uno forme su propio nido, y entonces volveremos a ser, otra vez, sólo dos,… y de vez en cuando, seis, ocho, y los que vengan. Mientras tanto, estos eventos serán como una especie de entrenamiento para que llegada la hora, podamos cumplir todas esas veces que hemos dicho: “¡Cuando estemos los dos solos vamos a…!”.

De mientras, muchos sueños en familia se cumplirán, lo sé, porque a testaruda no me gana nadie, sino que le pregunten a mi marido. Y después vendrán más sueños, nuestros y de ellos. Sueños de esos de los que contaba en mi mapa de los recuerdos. ¡Ah! Y aunque mi marido intente parecer el duro y burlarse de mí, sé que está igual que yo.

jueves, 22 de julio de 2010

Preludio

He estado alrededor de este mundo
He estado en muchos lugares
He visto un millón de caras
En miles de ciudades
Pero cuando miré en tus ojos
supe que encontré el cielo
Y he estado esperando para decirte
Que nunca te dejaré ir.

Puede hacer frío o calor
Pero lo que yo siento es verano en mi corazón
Es muy fácil decir “te amo”
¿Desconfiarías si pregunto tu nombre?
Dime, ¿qué haría falta
realmente para convencerte
que voy a amarte
aunque mi corazón se rompiera?

Veo un día mejor
Puedo sentirlo llegar
Puedo oírlo llamando
en la noche de invierno
¿Pudiste convertir a esta mujer

en una creyente verdadera
cuando dejaste tus huellas
en aquella noche de luz de luna?

Puede hacer frío o calor
Pero cuando estoy contigo
Es verano en mi corazón

Deja caer las montañas
Deja caer al mar
Deja desbordarse los ríos
No me incomodará
Deja las estrellas salir esta noche
porque puedo verlas en tus ojos
Y deseo amarte
aunque mi corazón se rompiera.


Para J., porque ya queda poco.
(Con el permiso de Aaron Neville, por los ligeros cambios de género)

lunes, 12 de julio de 2010

¡Pudimos!


¡Vaya si pudimos! ¡Ganamos el Mundial! Anoche fue para muchos una noche mágica, sobre todo para ese equipo que se lo ganó a pulso. Yo no sé cómo irán hoy algunos al trabajo después de la noche de juerga que se habrán corrido.

Estarán resacosos pero con un regustillo más que agradable; hoy, el ambiente en los lugares de trabajo seguramente serán muy relajado, con una sonrisilla en la cara y un ánimo estupendo. Y todavía nos queda la llegada de los jugadores a Madrid, ¡va a ser la bomba!, así que esta noche ya sabemos lo que vamos a ver por televisión; ya pueden las cadenas abstenerse de poner algo especial, que el share ya sabemos quién se lo va a llevar.

Lo cierto es que ayer fue un día muy singular; el tema favorito de la peña, el partido de la tarde; un personaje muy comentado, el pulpo Paul, que se ha ganado el indulto, como los toros, ¡ay si hubiera fallado! lo secuestramos y lo hacemos a la gallega; el aprovisionamiento de cerveza, pipas, patatas y demás piscolabis venía de días antes, de ello doy fe porque lo vi en Carrefour; la venta de camisetas, banderas y demás enseres alcanzó su cenit por la mañana y todos los quioscos y tiendas de chinos se quedaron sin pipas en un pispas.

Desde las siete de la tarde, más o menos, el ir y venir de coches y gente por la calle fue incesante. Muchos habían quedado para ver el partido juntos: entre amigos o con la familia; un único color en la vestimenta: el rojo, y como maquillaje, los colores rojo y amarillo, ¡hasta tuve que sacar mis barras de pintura de cara para pintarle la cara a mi hijo!

A las ocho y media se paró el mundo: no quedó nadie en la calle. Todos estaban recogidos en casas o bares, sentados ante el televisor, cruzando todos los dedos de las manos y encomendándose a todos los santos.

Y empezó el partido, ¡vaya partido! Tenso hasta el final. El árbitro que no tenía un pelo de… listo, el equipo contrario con un juego feo y marrullero, con una estrategia muy particular: hacer la falta y encima protestar, me recordaban al clásico niño petardo de la clase, que hace la trastada y luego va llorando: “¡Seño, yo no he sido!” Nuestro equipo qué decir, dando ejemplo de cómo se juega al futbol.

Y pasó el primer tiempo, y nada. Y pasó el segundo, y tampoco. Y vino la prórroga, y casi al final…¡el gol! ¡Por fin! El estadio bramó, pero como un eco de lo que se sintió aquí es España. A mi vecino de arriba seguro que le dio un espasmo bronquial tocando la bocina. ¡Hasta tiraron cohetes!


A partir de ahí, un ataque de nervios, deseando que el reloj corriera más de la cuenta y de que el árbitro tocara el silbato, dio dos minutos más, ¡por Dios! y ¡final del partido! ¡España campeona del Mundial 2010!

Muchas imágenes para recordar, y para pensar: el gol de Inhiesta, las lágrimas de Casillas, la alegría de la Reina y los Príncipes, el elegante saber perder del Príncipe heredero de Holanda, la templanza de nuestro entrenador, los abrazos de los jugadores, ¡el beso de Casillas a su novia! (segundos antes, dije yo en voz alta cuando lo entrevistaba: “Anda hombre, dale ya el beso”, creo que me escuchó) y lo cortada que se quedó la pobre.

Y muchas sensaciones y sentimientos para repetir en otros campos de la vida: el trabajar en equipo, sin individualismo alguno, la modestia, la gratitud (todos los jugadores agradecieron a la afición todo el apoyo prestado), el amor a nuestro país, el saber ganar y compartirlo con los demás.

Sin duda alguna, ayer ganó España, pero como dijo un periodista, sobre todo, AYER GANÓ EL FUTBOL. ¡Felicidades de todo corazón!

(fuente fotografía: Google)

domingo, 4 de julio de 2010

¿Podremos?

Ayer ganó España. Ya ha pasado a semifinales, el miércoles por la tarde todas las calles del país volverán a estar desiertas. No es que yo entienda de futbol, pero disfruté viendo el partido. En casa teníamos preparadas las palomitas y mi hijo pequeño, vestido con la camiseta de la selección.

El momento del gol fue apoteósico, gritaron todos: mi marido, mis hijos, el vecino de al lado, el del tercero, los del bloque de enfrente… Vamos, un clamor popular. El bloque casi tembló. Cuando acabó el partido, y hasta bien entrada la madrugada, fue incesante el paso de coches tocando el claxon y las bocinas. Un auténtico paroxismo. Yo no sé lo que pasará si ganamos el miércoles, ¡ojalá!... ¿Y si ganamos la final? ¿Podremos?

A fin de cuentas, los jugadores sólo están cumpliendo con su trabajo; si disfrutan con ello, mucho mejor; y si nos hacen disfrutar a los demás, ¡olé! Pero es lo mínimo que pueden hacer ganando el sueldo que ganan.

A pesar de todo, me alegré mucho cuando Villa salió corriendo tras marcar, y más viendo como se abrazaban todos en plan melé; y Pepe Reina, la alegría del equipo, que tiene que disfrutar y sufrir tanto dentro del campo como en el banquillo. Tras terminar el partido, las conexiones con los aledaños del Santiago Bernabeu y otros lugares, visionando las reacciones del personal en los momentos clave del partido, todo ello nos hizo cenar con una sensación reconfortante.

Esta mañana todavía duraba la euforia. Al salir contemplé asombrada la floración de banderas nacionales en todas las terrazas, ¡se han multiplicado como champiñones! El futbol ha sido capaz de despertar en todos nosotros el sentido patrio, el amor a nuestro país.

Y ahora yo pregunto, sin ánimo de ofensa ni de aguar la fiesta: con cuatro millones de parados, ¿por qué no hemos colgado carteles en nuestras ventanas, al igual que estas hermosas banderas, protestando por esta situación? El sentimiento patrio hay que manifestarlo en todas sus facetas. ¿Podremos?

sábado, 3 de julio de 2010

Mi mejor amiga

Conozco a L. de toda la vida. Es alguien muy especial. Es mi mejor amiga y yo la quiero un montón. Es muy buena persona, tiene sus defectos pero tiene un corazón muy grande. ¿Cómo podría definirla? Ya las compañeras del instituto la definieron como el entusiasmo hecho persona. Voluntariosa hasta el extremo, con los años va buscando la perfección. Enemiga acérrima de la mediocridad, pretende dejar una huella hermosa de su paso por esta vida.

Tiene un alto sentido de la justicia y del honor, ambos heredados, aun yendo en detrimento de ella. Es transparente, lo que se ve es lo que es, lo cual, se convierte al mismo tiempo, en un arma de doble filo; aunque los años la han hecho más reflexiva, es bastante confiada, lo cual le ha jugado amargas pasadas en los últimos años; pero no por eso ha decaído su espíritu, creyente como es, asegura que Dios ha puesto en su camino personas que la han sorprendido para bueno y que son un ejemplo a seguir.

De apariencia tranquila, y con algunos kilillos de más es un puro manojo de nervios. Tiene un punto inconformista, por eso le gustan los cambios; no los grandes sino los pequeñitos, siempre buscando una mejora y huyendo de la rutina. A pesar de que la edad va dejando su marca y la madurez hace acto de presencia, a veces, a L. le gusta ser políticamente incorrecta, sobre todo, si se encuentra frente a alguien que pretende ser políticamente correcto. Su bandera, la autenticidad y la sinceridad.

Lo que más me gusta de L. es su lado cómico; es realmente divertida y le busca el chiste a todo, empezando por ella misma. Es bastante payasa y de ello dan fe una buena colección de fotografías y vídeos.

A veces, L. se pone malita, porque somatiza todo lo que siente. Pero ella misma hace propósito de mejora y tira para adelante. También, a veces, L se pone triste y llora como una niña pequeña. Entonces yo la acompaño, y la abrazo y lloro con ella; pero otras le regaño y le digo que tire para adelante, porque sé que puede hacerlo, porque veo esa fuerza interior que posee. Y L. me hace caso.

Hay personas que transmiten calidez, y L. es una de ellas. Tiene muchos sueños cumplidos, pero muchos más por cumplir, y todos compartidos. Es para mí un orgullo ser partícipe de esos sueños.

Pero lo que más me gusta de L. es su ambición: ella dice que lo que más le gustaría sería provocar una sonrisa en aquellos que la recuerden cuando ya no esté aquí.

martes, 29 de junio de 2010

29 de Junio

Shimon bar Joná, nació en Betsaida, Galilea, hijo de Juan, hermano de Andrés, de oficio pescador. Abandonó su oficio para seguir a Jesús, junto a su hermano y a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo. Hombre sin estudios, con una fuerte personalidad y genio. Muy cercano a Jesús, que lo renombró con el nombre de Pedro (en griego, Petrus, que significa “piedra”). Tras la muerte de Jesús se erige como dirigente de la incipiente Iglesia, predica entre los judíos, aunque fue el primero en bautizar a un cristiano no judío en Cesarea. Hacia el año 44 fue encarcelado por Herodes Agripa, escapó y abandonó Jerusalén, predicando por Asia Menor, Siria y Grecia. Llamado “el príncipe de los apóstoles”, fue el primero en realizar un milagro público. Pablo lo llamaba Kefás, que quiere decir “roca” en arameo. Sus últimos años los vivió en Roma, donde murió martirizado hacia el año 64-67.

Saulo, nació en Tarso, Cilicia (la actual Turquía), hacia el 4-15 d.C., judío fariseo de cultura helenística, con ciudadanía romana. Con formación teológica, filosófica, mercantil, jurídica y lingüística, fue en sus primeros tiempos, perseguidor de los discípulos de Jesús. De hecho participa en la lapidación de San Esteban, el primer mártir. Pero en el año 36, camino de Damasco, Jesús se le aparece y se convierte en el defensor más férreo del cristianismo. Llamado “el apóstol de los gentiles”, por predicar a aquellos que no eran judíos, realizó tres grandes viajes misionales que abarcaron los territorios de Grecia, Asia Menor, Siria y Palestina. Renombrado Pablo (Paulus, en latín, significa “el pequeño), fue apresado y decapitado en Roma, durante el mandato de Nerón, hacia el año 67.

Dos grandes hombres y una misma pasión, Jesucristo. Hoy, 29 de Junio se conmemora su muerte. Un ejemplo a seguir por todos nosotros.

lunes, 28 de junio de 2010

Aquellos maravillosos años


Mis hijos se van este verano de campamento, una experiencia nueva que tengo la completa seguridad de que también les va a resultar muy enriquecedora. Como los padres no podemos ir los días que estén allí, este fin de semana fuimos a conocer el lugar. La impresión, para mí, fue más que buena y los niños superencantados con las instalaciones, la presentación de las actividades que realizarán, así como el equipo de personas que van a estar pendientes de ellos.

Lo que si me resultó más que cómico fue la reacción de algunas mamás ante el tema de no saber nada de los niños durante esos días, y no es que a mí mis hijos no me duelan, al contrario, el síndrome de gallina clueca sobrevuela sobre mí de una manera más o menos evidente, pero entiendo que ya va siendo hora de ir cortando ese cordón umbilical invisible que nos une para que vayan aprendiendo a ser hombres.

Nuestros hijos están “muy tiernos”, mami o papi están ahí siempre para solucionar los problemas y, a veces, es preferible ayudarles a levantarse que impedir la caída.

Esta experiencia que van a vivir les va a enriquecer más de lo que ellos mismos creen: conocer a otros niños de diferentes lugares, compartir habitación, ayudar en la tareas, vivir en plena Naturaleza; acciones ya de por sí realmente positivas y que además les van a hacer descubrir el valor de lo que poseen, no desde el lado material, sino desde el moral, el emotivo y el religioso.

Y yo, encantada con la idea, ya que me hizo recordar una experiencia idéntica que viví con la misma edad que ellos tienen ahora.

Recuerdo con mucho cariño los campamentos que organizaba Pepe el cura todos los veranos, con los niños de la parroquia. ¡Aquello sí que era rústico! Donde van mis hijos ahora es un complejo caribeño comparado con aquello, ¡pero qué bien nos lo pasábamos!

Era una antigua escuela rural acondicionada para campamentos. El acondicionamiento no era otro que dos hileras paralelas de literas dispuestas entre lo que había sido el aula y la capilla, que todavía conservaba el pequeño sagrario abierto y desacralizado. Aunque había cuarto de baño, no había ni luz ni agua corriente; el inodoro, un fantástico olivar que había un poco más allá, que amanecía con jirones de papel higiénico como si el perro de Scottex hubiera pasado por allí, y la bañera, unas fabulosas pozas de agua del río que vadeaba cuesta abajo, tras una hilera de eucaliptos. Los platos se fregaban en la acequia del huerto del vecino y el agua para beber y cocinar, venía todas las mañanas, en garrafas, desde la venta que había a dos kilómetros, en el cruce.

Recuerdo con mucho cariño las veladas nocturnas, con improvisadas fiestas de disfraces, la canción del “ani kuni”, las pedradas a la vieja campana de la escuela, a Paco Díaz y su mala fortuna para dormir en la litera de arriba, las caminatas hasta la central eléctrica en un intento de cansarnos para que nos acostáramos temprano, con las historias de miedo del cura y el cachondeo de los niños, el chiste del de la boca abierta, las artes donjuanescas de Augusto, la excursión al pueblo con piscina municipal incluida, a Pepe el cura, al que quiero mucho y sobre todo, esas hermosas noches donde millones de estrellas poblaban el cielo.

Por eso me gustaría que mis hijos vivieran una experiencia igual, por la sensación de autonomía que se siente, por el sentido de la responsabilidad que se adquiere, y por los recuerdos que se guardan. Por todos los que están en la fotografía, hoy hombres y mujeres de pro, padres como yo, por compartir aquellos maravillosos años. Va por vosotros.

miércoles, 23 de junio de 2010

Mis noches de San Juan

¡Cómo han cambiado los tiempos! ¿O habré sido yo? Llevo todo el día dándole vueltas a la cabeza y recordando como vivíamos las noches de San Juan cuando era niña y en mis tiempos de adolescente.

El modo de interrelacionarse de la gente era distinto, como más sencillo, más familiar. Yo me crié en una barriada de clase obrera, de gente venida del pueblo, de familias que volvían tras años de emigración. Viviendas de protección oficial donde la mañana del 6 de Enero, las escaleras sufrían un constante subir y bajar de niños viendo los juguetes que nos habían traído los Reyes Magos; viviendas donde un grifo abierto movilizaba a todo el bloque con escobones y fregonas en la mano; viviendas donde todas las solteras engalanaban el portal con claveles para la salida de una novia camino de la iglesia; viviendas donde el portero electrónico era la voz de nuestras madres.

Ahora nos hemos vuelto más egocéntricos. Muchos ansiamos tener un chalecito, aunque sea adosado, y generalmente, si vivimos en bloques de viviendas no nos sabemos los nombres de nuestros vecinos. Muchas veces añoro aquel estilo de vida, que seguramente también tendría sus más y sus menos, pero que destilaba humanidad por los cuatros costados.

Las noches de San Juan de mi niñez eran memorables, no sólo por la noche en si, sino por los preparativos. Días antes, todos los niños del bloque nos movilizábamos: hacíamos recogida de papeles y cartones para venderlos al peso en la trapería y con el dinero obtenido comprábamos papel de seda para hacer cadenetas, o para comprar farolillos. Visitábamos todas las carpinterías cercanas para que nos dieran serrín para rellenar el “júa”, mientras nuestras mamás buscaban en los armarios ropas viejas para realizarlo.

¿Qué es el “júa”? Es un monigote de trapo, relleno de serrín que se quema en la hoguera llegada la medianoche. Podía ser un personaje conocido, o cotidiano, pero realizado con muchísimo sentido del humor.

Las calles de mi barrio, nacido a mediados de los sesenta, no tuvieron nombre hasta los años ochenta, y hasta entonces las identificábamos con el número del bloque: la calle del bloque 36, la del 31A,… De hecho, los que somos de aquella época, sabemos las direcciones a la antigua usanza, no con los nombres nuevos.

La mañana del 23 de Junio, los niños de mi bloque, o sea, la calle del 36, con una bolsa de Colamina, cuatro brochas y la ayuda de un adulto, blanqueábamos la fachada del bloque, para que estuviera bonita. Una vez terminada la pintura, Trini, la vecina del primero, baldeaba la calle para que estuviera fresquita. Por la tarde, en la frescura del portal, rematábamos el júa que después sentábamos debajo de uno de los tres naranjos que tenía nuestra calle. Colgábamos las cadenetas y farolillos y subíamos a ponernos guapos por turnos, para que no nos quitaran el júa o los farolilos.

Al caer la tarde, los vecinos bajaban sus sillas al portal y montaban una tertulia mientras los niños bailábamos con la música de un radiocassette. Algún año hubo hasta aperitivo, y así esperábamos ansiosos a que llegara la medianoche para quemar el muñeco en la hoguera. Los petardos eran también elemento indispensable de aquella fiesta. Recuerdo las enormes hogueras en el llano donde hoy se erige una zona de aparcamientos, los saltos de los mozalbetes sobre las ascuas, el olor a quemado y el estallido de los petardos.

Ya en mi adolescencia, llegó el tiempo de las verbenas, donde el toque de queda paterno se ampliaba dos o tres horas sobre la permitida. Los concursos de misses dónde las guapas y no tan guapas del barrio pugnaban por el premio. Los intentos de colarnos pasándonos los tickets por los huecos de la valla y los primeros amores.

Con el tiempo, todo se fue difuminando. Las parejas jóvenes fueron formando su hogar en otros barrios. El barrio se fue haciendo mayor y cambió la fisonomía de sus vecinos. Es el lógico paso del tiempo, que se acepta con naturalidad, pero a veces, la nostalgia te sopla en el corazón y te deja un regustillo agridulce, más cuando se recuerdan fechas como ésta.

La Noche de San Juan

Esta noche es la noche de San Juan, es una noche que muchos califican de mágica, y verdaderamente, tiene algo especial. Desde tiempos ancestrales, la humanidad, en el hemisferio norte, ha celebrado la llegada del solsticio de verano con ritos donde el fuego cobra una vital importancia. La costumbre de encender hogueras como deseo de darle más fuerza al Sol, además de la acción purificadora del fuego ha sido común en celtas, romanos, griegos,… En la actualidad, aunque la noche más corta realmente es la del 21 de junio, la celebración varía según el país, y en España se celebra la madrugada del 24.



A este origen pagano se suma un carácter religioso. ¿Por qué celebramos la festividad de San Juan el día 24 de Junio? Según narra San Lucas en su Evangelio, María, tras la anunciación, fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta estaba de seis meses de embarazo. Si celebramos el nacimiento de Jesús el 24 de Diciembre (curiosamente, coincidiendo con el solsticio de invierno), seis meses antes sería el 24 de Junio. Lo paradójico de la festividad es que San Juan Bautista es el único santo del santoral del que se celebra su nacimiento, no su muerte. Cuenta además la tradición religiosa, que Zacarías, padre de Juan, encendió hogueras para anunciar a sus parientes el nacimiento.


Una tradición ancestral, de origen pagano, fuertemente arraigada, se cristianiza, sin perder por eso su aura mágica. Metafóricamente se puede decir que el nacimiento del Sol Menor precede al nacimiento del Sol Mayor.

(fuente : http://www.actosdeamor.com/nochesanjuan.htm)

martes, 22 de junio de 2010

¡Vacaciones!


¡Por fin! Ya estamos de vacaciones. Después de estos últimos días de colegio, ya podemos cambiar el chip.

La verdad es que hacía falta; después del ritmo de los últimos meses, los cuerpos y las mentes pedían a gritos un cambio.

Mis hijos están exhaustos: el tirón final de exámenes globales, resúmenes de libros, trabajos de Tecnología, etc. los tenía estresados. El esfuerzo ha valido la pena, y, como siempre, las calificaciones así lo demuestran, por eso se dejará caer algún detallito como recompensa al trabajo.

El plan del verano, el mismo que el de hace cuarenta años: playa, playa y más playa, piscina y relax. Los tiempos de crisis no dan para más, pero no importa. Ya somos afortunados por vivir en una ciudad como Málaga, con la playa ahí al lado. Y, además, con los tiempos, los estilos han cambiado: Cuando era niña, íbamos a la playa en autobús. ¿Quién no se ha montado en el coche del Chanquete? Nos levantábamos muy temprano para coger el coche en la cabecera, en la barriada anterior a la nuestra, para poder coger asiento, y nos repartíamos el utillaje: los niños, las sillas de la playa y la sombrilla, y las mamás, las cestas y neveras de playa. El autobús parecía una lata de sardinas, lleno hasta los topes, pero era realmente divertido.

De adolescente, íbamos en pandilla a Pedregalejo, a los espigones, con la toalla, el bronceador de zanahorias y el bonobús; como el presupuesto era tan ajustado, el trayecto desde nuestro barrio al centro lo hacíamos a pie, y desde el parque a la playa cogíamos el autobús del Palo.

Ahora, que ya se notan los años, nos hemos vuelto más señoritos: vamos en coche, eso sí, cargado hasta los topes: Superbolsón de playa, nevera, sombrilla XXL, hamacas,… y gracias a Dios que ya pasó el tiempo de bañeritas, pistolas de agua y cubitos. Vistos de lejos, parecemos exiliados. Ya en la playa, un espectáculo: primero una sombrilla, después otra, y otra,… nos juntamos hasta cinco familias y acabamos echando a la clásica parejita que estaba tan tranquila tomando el sol.

La juerga está asegurada, formamos más escándalo los mayores que los niños. Primero, clavando la sombrilla, que tiene su intríngulis. Menos mal que han inventado una cosa que parece un taco gigante que yo denomino el “violador de playa”: un pincho hueco con forma helicoidal que se hinca en la arena y dentro metes el palo de la sombrilla, lo que te garantiza que no se oxide. Y el colmo del playeo: el “pulpito”, un aro con cuatro ganchos que se cuela por el palo de la sombrilla y se aprieta con un tornillo y hace las veces de perchero. ¡El no va más de la comodidad! Ni el mismo McGyver inventaría una cosa así.

Una vez colocada la sombrilla, hamacas en posición de tertulia, bolsa de pipas en mano, y ¡a echar la tarde! Tras las pipas vienen los bocatas, y así nos pasamos la tarde, comiendo y dándole a la sinhueso, con idas y venidas intermitentes al agua. Cuando ya se pone la tarde, pues ya no queda otra que recoger, con cierta pereza, porque queda el empujoncillo final de enjuagar todo en casa. Pero al día siguiente, ¡vuelta a empezar!

Así que, preparándome con muchas ganas para otro estupendo verano, quiero desearos uno igual para todos los que me visitáis aquí. Que recarguéis pilas para el otoño-invierno y que no dejéis de venir a visitarme, que yo sigo aquí, o en el rincón de mis caprichos, siempre que la inspiración no me abandone y compartiendo con vosotros mis cosillas. ¡Feliz verano!