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miércoles, 25 de agosto de 2010

La vara más derecha

Erase una vez un padre y un hijo. Tenían un terreno de olivos, y llegado el tiempo de varear las aceitunas, el padre le dijo al hijo: “Ve al monte a buscar una rama larga y bien derecha para varear, pero elígela bien; sólo te pongo una condición: tienes que escogerla en el camino de ida, no en el de vuelta.”

El hijo emprendió el camino y llegó al monte. Y empezó a subirlo, fijándose en las ramas de los árboles que encontraba a su paso, pero ninguna le parecía lo suficientemente derecha. Y subió y subió, y no daba con la rama que buscaba, y sin darse cuenta, llegó a la cima. “¿Y ahora que hago?” – pensó – “Mi padre me dijo que escogiera la rama en la ida y ninguna me ha parecido lo bastante buena.” Y mirando alrededor, vio en un árbol una rama bien larga, pero bastante torcida y, sacando su hacha la taló y emprendió la vuelta a casa.

A veces, en la vida, nos pasa como al joven del cuento, que nuestras expectativas son tan altas que nada nos parece lo suficientemente bueno y acabamos eligiendo la peor opción. Y nos ocurre en todos los campos: en el material, en el laboral, y particularmente, en el personal. Cuando elegimos a nuestros amigos o a nuestra pareja, debemos tener en cuenta sus virtudes, pero también sus defectos. Pero sobre todo, debemos tener en cuenta nuestras propias virtudes, y aún más, nuestros propios defectos.

miércoles, 23 de junio de 2010

La Noche de San Juan

Esta noche es la noche de San Juan, es una noche que muchos califican de mágica, y verdaderamente, tiene algo especial. Desde tiempos ancestrales, la humanidad, en el hemisferio norte, ha celebrado la llegada del solsticio de verano con ritos donde el fuego cobra una vital importancia. La costumbre de encender hogueras como deseo de darle más fuerza al Sol, además de la acción purificadora del fuego ha sido común en celtas, romanos, griegos,… En la actualidad, aunque la noche más corta realmente es la del 21 de junio, la celebración varía según el país, y en España se celebra la madrugada del 24.



A este origen pagano se suma un carácter religioso. ¿Por qué celebramos la festividad de San Juan el día 24 de Junio? Según narra San Lucas en su Evangelio, María, tras la anunciación, fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta estaba de seis meses de embarazo. Si celebramos el nacimiento de Jesús el 24 de Diciembre (curiosamente, coincidiendo con el solsticio de invierno), seis meses antes sería el 24 de Junio. Lo paradójico de la festividad es que San Juan Bautista es el único santo del santoral del que se celebra su nacimiento, no su muerte. Cuenta además la tradición religiosa, que Zacarías, padre de Juan, encendió hogueras para anunciar a sus parientes el nacimiento.


Una tradición ancestral, de origen pagano, fuertemente arraigada, se cristianiza, sin perder por eso su aura mágica. Metafóricamente se puede decir que el nacimiento del Sol Menor precede al nacimiento del Sol Mayor.

(fuente : http://www.actosdeamor.com/nochesanjuan.htm)

jueves, 20 de mayo de 2010

El corazón más hermoso



Hace ya tiempo, me enviaron esta hermosa fábula, en forma de power point; hoy quiero compartirla ya que es una invitación a mirar nuestro interior.


Erase una vez, en la plaza de una ciudad, un hombre joven que proclamaba a los cuatro vientos poseer el corazón más hermoso que nunca nadie hubiera visto. El gentío se acercaba a verlo y todos corroboraban lo dicho; era un corazón realmente hermoso: sano, fuerte, joven, de un color rojo intenso y que latía con vigor. El joven se mostraba muy orgulloso de tener aquel corazón.

De repente, de entre la multitud, apareció un hombre viejo, que adelantándose, le dijo:

- “Mi corazón es más hermoso que el tuyo”-.

El joven y el resto de la gente lo miraron asombrados. –“¿Cómo puedes decir eso?” – dijo el joven - “Muéstranoslo”- . El viejo se abrió su camisa y enseñó a todos su corazón: era un corazón viejo y cansado, pero lo que más llamaba la atención eran las numerosas cicatrices que lo surcaban; en unos lados faltaban trozos, en otros había trozos desiguales, lo que le daba a aquel viejo corazón un aspecto grotesco.

-“¿Cómo puedes decir que tu corazón es más hermoso que el mío?” – dijo el joven –“ Si está lleno de cicatrices y se ve deforme “– prosiguió.

- “Verás, “– contestó el anciano –“las cicatrices que ves son el resultado de haber entregado trozos de mi corazón a las personas a las que he amado. Muchas de ellas me entregaron a cambio un trozo del suyo, son esos trozos que ves diferentes. Cuando los miro me acuerdo de ellos. Sin embargo, hubo veces en las que entregué mi corazón a personas que no quisieron devolverme un trocito del suyo. Esas son las cicatrices que tengo abiertas, y cada vez que las miro, renuevo la esperanza de que algún día regresarán para entregarme un trocito de su corazón. ¿Comprendes ahora por qué mi corazón es más hermoso que el tuyo?”

Ante aquellas palabras, el corazón del joven se estremeció y dos lágrimas corrieron por sus mejillas. Se acercó al viejo y, arrancándose un trozo de su joven y perfecto corazón, se lo ofreció. El viejo, con una gran sonrisa, lo cogió, y a su vez, se arrancó un trozo del suyo para regalárselo al joven, colocando en el hueco aquel trozo nuevo. A partir de ese momento, el joven empezó a tener un corazón más hermoso.

¡Qué hermosa historia! ¿verdad? Ahora miremos nuestro interior y preguntémonos: ¿cómo es de hermoso mi corazón?, ¿cuántos trozos me han regalado?, y lo que es más importante, ¿cuántas cicatrices abiertas he dejado en aquellos que me entregaron un trozo del suyo?


(Mi eterno agradecimiento a Pedro, gran artista, pero sobre todo, mejor persona, porque no me dio un trozo sino el corazón entero.)

miércoles, 21 de abril de 2010

La Peña de los Enamorados


Os quiero contar una leyenda muy hermosa sobre la Peña de los Enamorados, situada a la entrada de la ciudad de Antequera. Dice así:


Cuenta la leyenda que, siendo Antequera límite fronterizo de la España cristiana y la morisca, un joven cristiano llamado Tello cae prisionero a manos de los moriscos de Archidona. Estando encerrado en los calabozos, la hija del alcaide, de nombre Tagzona, va por curiosidad a los calabozos, y al mirarse, se enamoran perdidamente.


A sabiendas que su amor es imposible debido a sus creencias y a sus familias, deciden fugarse pero son descubiertos por la guardia, que con el alcaide al frente, los persiguen. Emprenden una huída desesperada y deciden refugiarse en lo más alto de un peñón de tierra caliza a la entrada de la ciudad de Antequera.


Los arqueros de la guardia los asedian y ellos, viéndose ya acorralados, cogiéndose de las manos, hacen un pacto con las fuerzas de la naturaleza y jurándose amor eterno, saltan al vacío.


Tras su muerte, las fuerzas de la naturaleza cumplieron su último deseo: el quedó convertido en piedra que mira al cielo y ella en viento que acaricia la faz de su amado. Los lugareños cuentan que en las noches de luna clara se puede sentir la presencia de Tello y Tagzona, amándose en libertad para la eternidad.


Realmente es una leyenda muy hermosa, tan hermosa como la Peña. Su presencia impone, cuando yendo de Málaga a Antequera, por la autovía, de pronto, al bajar, te la encuentras a la derecha. Parece como si de un momento a otro, ese hombre gigantesco que está tumbado, fuese a cobrar vida y a levantarse. Si visitáis esta hermosa tierra, no dejéis de ver esta fabulosa peña. No os defraudará.

martes, 23 de febrero de 2010

El hombre de las manos atadas

Erase una vez un hombre que vivía como todos los demás, un hombre normal. Tenía cualidades positivas y negativas, no era diferente.

Un día llamaron repentinamente a su puerta; cuando salió se encontró con sus amigos. Eran varios y habían venido juntos. Sus amigos después de mantener una larga y amistosa charla con él, le ataron los pies y las manos para que no pudiera hacer nada malo (pero se olvidaron de decirle que así tampoco podría hacer nada bueno). Y se fueron dejando un guardián a la puerta para que nadie pudiera desatarle.

Al principio se desesperó y trató de romper las ataduras. Cuando se convenció de lo inútil de sus esfuerzos, intentó, poco a poco, acostumbrarse a su nueva situación. Poco a poco consiguió valerse para seguir subsistiendo con las manos atadas. Inicialmente le costaba hasta quitarse los zapatos. Hubo un día en que consiguió liar y encenderse un cigarrillo, y empezó a olvidarse de que antes tenía las manos libres.

Pasaron muchos años, y el hombre comenzó a acostumbrarse a sus manos atadas. Mientras tanto, su guardián le comunicaba, día a día, las cosas malas que hacían en el exterior, los hombres con las manos libres (pero se olvidaba de decirle las cosas buenas que también hacían los hombres con las manos libres).

Siguieron pasando los años y el hombre llegó a acostumbrarse a sus manos atadas, y el guardián le recordaba que gracias a aquella noche en que entraron a atarle, él, el hombre de las manos atadas, no podía hacer nada malo (pero se le olvidaba señalarle que tampoco podía hacer nada bueno).

El hombre comenzó a creer que era mejor vivir con las manos atadas. Además, ¡estaba tan acostumbrado a las ligaduras...¡

Pasaron muchos años, muchísimos…, un día sus amigos sorprendieron al guardián, entraron en la casa y rompieron las ligaduras que ataban las manos y pies del hombre.
-“¡Ya eres libre!”, le dijeron.

Pero habían llegado demasiado tarde, las manos del hombre estaban totalmente atrofiadas y, aunque así, con las manos libres ya no podía hacer cosas malas, tampoco podría ya hacer cosas buenas.

Fábula de la pipa y los peines

Era un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su choza, pensando en su marido. Todo el que pasaba se quedaba prendado de la belleza de su cabello, negro, largo, como hebras brillantes salidas de su rueca. Él iba cada día al mercado a vender algunas frutas. A la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los dientes una pipa vacía. No llegaba el dinero para comprar un pellizco de tabaco.

Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no cesaba de preguntarse qué podía regalar a su marido. Y además ¿con qué dinero?

Una idea cruzó su mente. Sintió un escalofrío al pensarlo, pero al decidirse todo su cuerpo se estremeció de gozo: vendería su pelo para comprarle tabaco.

Ya imaginaba a su esposo en la plaza, sentado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa: aromas de incienso y de jazmín darían al dueño del puestecillo la solemnidad y prestigio de un verdadero comerciante.

Sólo obtuvo por su pelo unas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de tabaco. El perfume de las hojas arrugadas compensaba largamente el sacrificio de su pelo.

Al llegar la tarde regresó el marido. Venía cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran unos peines para su mujer, que acababa de comprar, tras vender la pipa.
R. Tagore
(Esto es para tí, aunque hace años que no fumas)