lunes, 10 de mayo de 2010

El mapa de los recuerdos II (Olfato)


En el mundo animal el olfato sí que es “el rey de los sentidos”. Gracias a él, las especies cazan, marcan su territorio, huyen del peligro,… Sin embargo, en el ámbito humano como que pierde categoría, ante la obviedad de la vista o la agudeza del oído. Y es que, a través del olfato, no sólo ofrecemos una respuesta física, sino también emocional. Por eso, yo lo apodo “el incomprendido”, ya que por su humilde y básica condición animal, no le solemos dar su justo lugar entre el resto de los sentidos y no nos percatamos de lo importante que es en la elaboración de nuestro mapa de los recuerdos.

El mío está lleno de olores, como el del mar, que exalta mi espíritu malagueño y que me hace sentir en casa. O ese aroma cálido, una tarde cualquiera del mes de abril, que presagia el fin del invierno. Acompañado del perfume del azahar, un broche de oro.

El aroma que se queda en las manos tras frotar una naranja verde cogida del árbol me hace recordar memorables batallas infantiles a puro naranjazo, con el sonido de fondo de las vecinas regañándonos.

La goma MILAN nata me devuelve al colegio.

El olor del café me trae al presente a mi abuela Frasquita y nuestras idas a Cafés Santa Cristina, cerca de la Iglesia de San Juan, para comprar café. El perfume de la colonia Heno de Pravia también me la devuelve, ¿qué abuela no olía así?

Es para reírse, pero puedo asegurar que a más de uno, el olor de las gallinas no hace recordar las noches de cine de verano, con sus dobles sesiones y sus bolsas de pipas. La explicación es bien sencilla: en el barrio había un cine de verano, y junto a él, una casa mata donde se criaban gallinas para puesta y la gente compraba los huevos. En las noches de verano, había que cruzar los dedos para que el aire no soplara en nuestra dirección, sino estábamos salvados. El cine desapareció, y en su lugar hoy existen unos chalets adosados.

El olor a quemado la noche del 24 de junio me trae a la memoria verbenas populares, con concursos de misses de barrio y playbacks de Miguel Bosé.

Aquellas colonias ochenteras: Clío, Farala, Vetiver,… que marcaron el inicio de nuestra coquetería. Mi primer perfume adulto: Poison, de Cristian Dior. Marcó época, una auténtica bomba si te excedías en la dosificación.

Con el aroma de la pomada Dermo H, mis hijos vuelven a ser bebés. ¿Y la colonia Nenuco?¿Puede un bebé oler mejor?

Muchos son los aromas que inundan mi mapa de los recuerdos; en realidad, éstos son sólo una pequeña muestra.

Hace poco descubrí que nosotros, casi sin darnos cuenta, también participamos en la creación del mapa de los recuerdos de los demás. Sin ir más lejos, el otoño pasado, arreglándonos para salir, me perfumé un poco. Mi hijo pequeño se me acercó y me dijo: “Mami, hueles a Navidad”. ¿No creéis qué es lindo?

4 comentarios:

Savia dijo...

El olor de mí Málaga querida, la tierra de mi madre.
Felicidades por tu blog.

Toñi dijo...

Simplemente me has puesto la piel de gallina. Como te dije el otro dia que bien te expresas.

♥Alicia dijo...

Holaaa... te saludo desde Argentina. Muy bonito tu blog y hermosa la publicación.
Un abrazo.
♥Alicia

Adela/Mariola (SokAly) dijo...

Que razón tienes al decir que los olores forman parte de nuestros recuerdos.

El de la goma MILAN me hizo sonreir.

Y si que es bonito lo que te dijo tu hijo.

Besos.

~Ade~